28.5.12

EL TOQUE A LA PUERTA


Image::MR JOHN RAWLINGS  PHOTOGRAPHER © OHIO::




¿Habéis pensado, o sentido alguna vez, que desde tu propio individualismo vives una vida relativamente cómoda, estable, donde haces lo que quieres, estás tirado en el sofá y alguien toca la puerta… vas a abrir y ni bien giras el pomo, una ola gigantesca entra con toda su furia, te azota contra la pared noqueándote, revienta todos los cristales, explotan las bombillas eléctricas, arrasa con todo a su paso y en un segundo transforma todo en desgarro, sufrimiento, dolor, muerte… tragedia, y solamente estás tú, ahí, completamente solo con la única preocupación de sobrevivir, de salir de ese infierno sin más ayuda que la de tus uñas? En esa pregunta pensé durante dos días enteros, quizás tres, luego de salir con un par de amigos de fiesta. Primero cenando con una amiga y uno de sus cercanos frente a un dúo de jazz, charlando sobre Río de Janeiro. Había llegado esa misma mañana de la ciudad carioca y la cena iba por ese motivo [Había  tenido los huevos de irse una temporada sin más que lo puesto a buscar suerte, y cuando la suerte no acompaña, pues regresabas, y ya]. Después de un par de horas, partimos a un club cercano, y que pasase lo que tuviera que pasar. Ahí me encontraría con otro amigo, que después de peleas y circo durante casi dos años, terminaríamos siendo confidentes, buenos amigos. Cuando las luces del club se prendiesen, partiríamos de nuevo en trío a un after clandestino, donde después de tomar todo lo que ofrece un after, mi amigo terminaría contándome la noticia, que había ocultado hasta ese momento. Era portador de la enfermedad, esa que te hace cerrar los ojos, apretar la garganta, llorar en silencio y golpearte la frente contra la pared una y otra vez, cada vez con mayor fuerza hasta hacerla sangrar, hasta que la pared te mate antes que el mal, para el que aún nadie es capaz de encontrar cura. La peor pandemia del siglo. La noticia provocó eso: cerrar los ojos, apretar la garganta, tragarte las lágrimas, salir de ese lugar y tomar un poco de aire fresco. Ya era suficiente de fiesta.



Sentado junto a él en un banco cogidos del brazo, al frente del santiaguino río Mapocho y el amanecer de un día limpio, que se vería soleado, con un aire frío que te golpeaba la cara, sólo podías callar, y mirar como con la vista perdida, y luego charlar del asunto. “Lo único que espero que sepas es que no pienses que voy a sentir compasión por ti, los cojones”, le dije. Para mí la enfermedad no era ajena. Desde hace una década, otro amigo había fallecido víctima de la enfermedad, al igual que uno de los mejores de mi padre, y un sinnúmero de gente que en esos años desfilaron por mi vida eran a su vez portadores, unos más, otros menos. El hecho en sí no te escandalizaba… lo que apretaba el corazón era lo que aquello contempla para la propia psicología, para el propio entendimiento de la vida… cambia todo, absolutamente, de un día para el otro, y radicalmente. ¿Pero qué más daba? Había que pasar de ello, sobre todo aquí, en América Latina, donde era un tabú gracias a retrocesos inauditos en educación e igualdad de derechos y posibilidades de salud. Que les dieran por culo. Y los cabrones eran luchadores, y al mismo tiempo que le plantaban cara a la enfermedad, también le plantaban cara a cualquiera, dejaban de temerle a la gente, porque parece que dejaban de temerle a la muerte. ¿Eres rico o pobre, guapo o feo, fracasado o exitoso?... ¿Qué más da? Si no vives tu vida, como si fuese el último minuto, que te den por culo, porque vas a morir igual, y te lo dice uno que tiene el documento firmado… Vamos, que esa gente debería estar dando conferencias, no siendo mirados en menos por masas sedientas de tragedia para poder reafirmarse un poco más en sus propias inseguridades, como pueblos, como sociedades. Deberían saber lo que se siente, el grado infinito de sufrimiento, primero físico, porque el cuerpo te empieza a traicionar, y luego psicológico, no hace falta explicar por qué.



Cuando el Sida apareció y nadie siquiera sabía qué era, pero veían a personas morir en un grado de descomposición física cinematográfica, la gente se escandalizó, y no porque lo padeciese el tercer mundo [que les daba igual], sino porque empezó a asesinar personas a finales de los setenta en Estados Unidos y luego en Londres, en el punto álgido del movimiento de los hippies y el amor libre contra la guerra en las principales potencias mundiales, donde se creía, nunca te sucedería nada. Descubierta el año ochenta y tres por un equipo francés, durante la década expandió sus tentáculos absolutamente a todos los rincones del planeta, fuesen de oro o de cartón, y arrasaría, como esa ola, a algunos de los artistas más fabulosos de la época [y a cientos de miles de personas], cuya fama y visibilidad mediática darían a la enfermedad connotación planetaria. El mundo entraría en psicosis. Al mismo tiempo era como un monstruo, incontrolable, que muta y se transforma todo el tiempo, por ende dificultaba y dificulta hasta lo imposible su cura. En África se lleva millones de vidas y no escatima en edades, ni condiciones ni razas. La puta lo asesina todo. “Es cosa de homosexuales”, decían… hasta que los heterosexuales también empezaron a caer, y los niños… En lo público los mejores artistas y personajes de la contemporaneidad no dudan ni un instante en prestar sus rostros para plantarle cara en su lucha, pero la enfermedad sigue expandiéndose, las potencias mundiales prefieren invertir en armamento, viajes espaciales y salvar bancos que invertir en investigación, desarrollo y tecnología para acabar con la mayor pandemia, probablemente, que la humanidad haya conocido, como con el cáncer. A quien os escribe todo esto le resulta especialmente sensible, porque ha vivido todo ello muy de cerca, con familiares y amigos a quienes ha asesinado el cáncer, el sida y la diabetes.



¿Y tú qué haces? Cuando sabes que todo eso, por tu propia condición e historia de vida, es como un perfume que te rodea durante toda tu vida, que galantea contigo como acercándose, rozándote con erotismo el cuello y tirándote su aliento en el oído, estremeciéndote… seduciéndote para después sacar colmillos y enterrártelos como un vampiro, y desgarrarte el cuello como una hiena hambrienta con toda su ira… puede llegar a tocarte la puerta, en cualquier momento, cuando menos te lo esperes, y tú no puedes cogerlo del cabello, tirarlo con violencia y alejarlo de tu cuello, lejos de tí. A lo mejor esa relación es como ver un ring con dos boxeadores en cámara lenta, observándose a los ojos, durante horas… durante años, sin tocarse, y cuando el primero da el primer golpe, que siempre es el más grande, el más poderoso, el que sabes que te ganará, empiezas tú a darle de puñetazos, en el estómago, en las costillas, en la nariz, tratar de sobrevivir como si esa ola entrara en tu piso arrasándolo todo y tuvieses que aguantar la respiración, nadar con todas tus fuerzas esquivando los cristales de las ventanas para tratar de salir de ahí, al exterior de ese océano que te está matando para dar una bocanada de oxígeno y saber que sí, que sigues vivo, que has sobrevivido, en parte, y que tienes que seguir nadando para que, si el frío no termina por asesinarte, sacar fuerzas desconocidas para llegar a esa otra ola que logre, en su clemencia, tirarte hasta la orilla. Antes de que pueda suceder eso, ya lloras, porque sabes que si ese otro boxeador da el primer golpe, probablemente no le vayas a ganar, porque tu propia raza y su inteligencia y los avances de los que tantos se vanaglorian, no son siquiera capaces de darte un buen par de guantes para esquivar sus golpes y abatirlo en lo que más le duela, noquearlo, y cuando esté en el suelo, tirarte encima y seguir dándole, con todas tus fuerzas una, y otra, y otra vez, hasta acabar con él, hasta asesinarlo. Ya le gustaría a uno encontrar esa cura, y no para recibir premios o reconocimiento internacionales, sino para encerrarte en el baño, cerrar los ojos, ponerte a llorar y saber que esa puta no nos ganó, que asesinaste a esa zorra, y que jamás en su puta vida volverá a cobrarse otra vida, nunca jamás…



Pero tú no eres científico, a lo mejor porque sabes que no tienes esas capacidades, o que no podrías tener la suficiente paciencia y metodología como para serlo [lamentablemente], pero si tienes otras cualidades con las cuales puedes hacer algo… y si te vuelves grande en algo, en lo que sea, tienes la obligación de hacerlo, sino eres un hijo de puta, y no mereces ser grande, bajo ningún punto de vista [y no te lo pueden permitir], y no se trata de ser la Madre Teresa, esa mujer que jugó como ninguna en ese ring, dominando desde su pequeña Calcuta y en la más absoluta pobreza, los hilos más impresionantes del poder y la riqueza para hacer algo por alguien, o por algo, entre muchos otros. Si vez que las cosas van tan mal, y que los seres humanos adultos se van transformando, desde el nacimiento del capitalismo hasta nuestros días en un ejército de mercenarios, protege la infancia, no permitas que los toquen, a ninguno, porque ellos son el futuro de todo, y ya. Si perteneces a un idioma con el que sueñas, hablas y piensas, difúndelo y promociónalo, que puedas estar frente a otro con uno muy distinto y que lo respete y aprecie, y ojalá lo hable, o tú lo incentives con toda suerte de métodos a hacerlo, porque eso es educación, y eso es cultura, y con ello viene la tolerancia, y por ende, la universalidad. Y la universalidad es necesaria, importante, porque si llega una enfermedad como esa pandemia, como esa zorra, no tendrá tanto poder, o será mirada en menos, y eso ayudará dentro de casa, y también fuera, ¿para qué? Para no sentir compasión. Y a lo mejor si no la sientes, ese otro, tu amigo, o el que pase [o tú mismo] la ola lo tire en la orilla, vea el sol, sienta el calor, y se ría. Si no hay cura, es lo mejor que podemos hacer… si tocan a la puerta. Que entre, que se siente en el sofá, abre una botella, ponle una película de Kusturica, prende un cigarrillo y siéntate a su lado, y tírale el humo en la cara… Que le den. Y ya. 



22.5.12

ELIZABETH

 Image::MR CECIL BEATON PHOTOGRAPHER © LONDON::


Hace un tiempo atrás, Eugenia [de la Torriente] se centraba en la imagen de Elizabeth II, Reina de Inglaterra, como referente de estilo. Quedó en la cabeza dando vueltas, vueltas y más vueltas. Elizabeth… Tiempo después, por esas cosas de casualidad y sin proponérmelo, me encontraba frente al film dedicado a la monarca, una ficción centrada en aquel episodio cuando Diana de Gales fallecía debajo de un puente en París gracias al acoso de un fotógrafo imprudente que buscaba la exclusividad del escándalo. Y como bien narra Eugenia, pareciese ser que Elizabeth va siendo prácticamente la única que va sorteándolo todo, como si pasase de todo manteniéndose idéntica. Siguió dando vueltas en la cabeza. Empecé a recopilar información. Artículos, imágenes, videos, análisis y ensayos. Sin lugar a dudas, después de revisar todos el material durante días, la principal conclusión era que esa mujer poseía una vida cinematográfica, que ninguna actriz de cine [ni de las vivas ni de las muertas, las más grandes de la historia], ha llegado a igualar. Tampoco ninguna otra monarca contemporánea. A lo mejor por el hecho de que siga viva, o a lo mejor porque ha sobrevivido a todo, y a lo grande. Todo lo referente a ella hace callarte la boca, incluso hasta en sus más mínimos detalles. Es lo más cercano que exista en el mundo moderno al poder más exacerbado, a la opulencia más principesca, a la representación de esa Reina Victoria que en su tiempo tuvo en su poder, en sus manos, sencillamente, al mundo entero.



Descendiente directa de una familia con una historia de más de mil años, que ascendió al trono más importante de Europa siendo apenas una muchacha, parece que nadie nunca se preguntó si ella quería realmente eso… debía ser eso, y punto. No tuvo el tiempo ni siquiera de preguntárselo ella misma. Desde el  momento de su coronación [de la que cualquier persona en su sano juicio saldría corriendo despavorida], acató las reglas de un peso planetario e involuntario, porque eso es, y toda su vida ha debido representar la imagen de sobriedad, jugar a ese personaje que vaya a saber uno si se ajusta realmente a lo que pasa por la cabeza de esa mujer… debe de ser una de las mujeres más inteligentes del globo, simplemente, porque la obligaron a eso, no tuvo elección. Es muy fuerte tener veinticinco años, o treinta, y sentarte a la mesa con otros hombres y mujeres que lo mismo te duplican o triplican en edad y tienes la obligación de tratarlos a la par, y hasta por debajo de ti… hay que tener huevos. Saber que deberás jugar el papel de “Reina de todo” hasta el día que mueras, y ni cuando mueras tendrás paz… creo que una cosa semejante no puede hacer más que transformarte en puro hierro, infranqueable, la más fría de las personas. Frente a ti, durante décadas, desfilan primeros ministros, mandatarios, reyes y nobles menores que tú en poder y visibilidad mundial, los mejores artistas y premios internacionales de todo tipo… y tú no mueves ni un músculo de la cara, porque sabes que no puedes dejarlos que te vean hacerlo, a nadie, ni siquiera si hay guerras en tu propio territorio, muertes y sangre. No puedes tener opinión política, pero eres parte consustancial de la política. Debes mirar por encima del hombro incluso a los políticos, porque sabes que pasará el tipo, y luego otro, y otro más pero tú seguirás ahí, en lo más alto, por siempre… te vistes toda tu vida igual con inflexibilidad hacia el erotismo, el glamour y cualquier tipo de tendencias siendo que puedes tener los más fastuosos vestidos, joyas y toda suerte de lujos… hay que tener huevos para no caer en ello como caen todos. Y sería muy gracioso ver a aquellos que la han criticado durante décadas o al menor atisbo de ataque lanzarse como perros a la yugular, si podrían hacer lo mismo que ella… probablemente muy pocos podrían.    



En tiempos actuales donde la realeza española tropieza en escándalos evitables; los monarcas árabes caen en la más grande falta de sofisticación [basta ver a sus mujeres] acojonados de que sus pueblos ataquen sus palacios y los lleven a la gillotina [como a sus dictadores]; el otrora hortera reino de Mónaco se ha vuelto aún más hortera, favorito para esconder dinero negro de nuevos ricos; Europa está a punto de desintegrarse; América lucha por mantener su hegemonía y los poderes económicos mundiales se han desplazado hacia China, la India, África, Rusia y América Latina; la prensa se convierte en chismorreo de cuarta y sensacionalismo; y media humanidad está en las calles reclamando con ira la desintegración del propio mundo, encerrada en su palacio sigue Elizabeth… observándolo todo. Seguramente verá la televisión, leerá los periódicos, será consciente de los cambios que se van dando como nunca antes en toda la historia, la universal, aquella en la que ha sido una de sus principales protagonistas [a la fuerza]… ¿Se han preguntado qué pensará de todo lo que hoy nos sucede? Probablemente se levante, mire por la ventana en silencio, niegue pausada y elegantemente con la cabeza y sólo diga una frase en voz baja: “Manga de gilipollas”. Y ella seguirá ahí, discreta, pragmática, estoica, vistiendo igual, recibiendo a los reyes y a los hombres y mujeres más poderosos del mundo, hablando lo justo e indispensable, pasando frente a gentes, esa gran fauna, que no tendrán otra opción más que arrodillarse a su paso, siguiendo su vida pública y privada como lo que ella sabe que es: la reina más poderosa del mundo, amada y odiada dentro de su palacio repleto de caoba, mármol, tapices, pinturas de los artistas más extraordinarios de la historia, oro y cristal por todos sin una razón, por documentación, lo suficientemente consistente para con ella, persona. Y ella lo sabe… hasta el día de su muerte. Victoria, si estuviese viva, no podría hacer más que sonreír, porque lo ha hecho no bien, sino perfecto, sobre todo desde el punto de vista que no tuvo, nunca, elección. Era otra época, podría decirse, y está muy bien. El gran tema es, o la pregunta es, ¿Qué época. Y esta qué es?, ¿Esta, donde disculpando la vulgaridad, es todo una gran casa de putas?... Podría ser más interesante la pregunta de si antes, en ese tiempo donde Elizabeth fue coronada, acaso no vivíamos mejor. “¡¿Pero qué dices?!”, se me podría criticar. “¿A no?”, podría responder. ¿De qué han servido todos los avances de la ciencia y la medicina, cuando de esos mismos avances se han aprovechado multinacionales y farmacéuticas para su propio enriquecimiento e incluso para seguir expandiendo pandemias y enfermedades a propósito, como el Sida, en África?; ¿Para qué ha servido la sofisticación en la intelectualidad y el comportamiento del ser humano, cuando de eso se aprovechan todo este ejército de subnormales para posicionarse en la política, entendiendo el servicio público como un mal chiste, o una buena broma?; ¿De qué ha servido el avance de la tecnología y la apertura a las nuevas autopistas de la información, cuando cada vez más gente no tiene más que una insana relación con una pantalla de ordenador?; ¿De qué ha servido el mismo desarrollo de las artes y su relación con esas mismas tecnologías, cuando lo único que han logrado hacer es mierda [salvo notables excepciones], y de paso, confundirlo todo con el entretenimiento y el espectáculo, mirando en todo momento a ese sitio en Los Ángeles de los que se valen esos mismos productores cinematográficos de la vida de una mujer como Elizabeth y el circo que supuso el deceso de la plebeya elevada a princesa y luego engañada con trágico final, para hacer efectivo?... ¿Alguien dijo Walt Disney?... hay que tener suficiente morro, en el mundo de mierda donde vivimos como para ir a criticarla, honestamente. Se trata de la poca vergüenza caballeros, de eso que Molière puso sobre un escenario y que seguramente los antepasados de la propia Elizabeth disfrutaban viendo en algún gran teatro como lo que era, una comedia del absurdo.



Ya nos gustaría a todos vivir como Elizabeth, en esa supuesta irrealidad encerrada en su palacio rodeada de las mejores obras de arte que nadie haya visto jamás, sin elección, alejada de lágrimas y espectáculos, de sangre y maldad, obligándose a ser estoica, sobria y vistiendo toda la vida igual, sin seguir ninguna moda u otra imbecilidad, y al mismo tiempo, siendo el centro de todo, de amores y odios populares, de los medios de comunicación del planeta, de los hilos del poder y las cuentas bancarias más abultadas, ajena a las horteradas y a esa “manga de gilipollas” hoy convertida en pandemia, tan letal como ese asesino llamado Sida… y no tuvo elección. Ahora su nieto, hijo de esa misma mujer que la hizo salir de palacio y revolucionar en parte, de un plumazo los mil años de historia de un imperio [que ha tratado por todos los medios posibles de mantener], se casa con otra plebeya… ¿ Y ella lo vuelve a aceptar?...  ¿Qué les parece? A ver cuántas saben ser reinas… les aseguro que no les da ni para ser simples estrellas de cine. Eugenia tenía razón. Se convierte hoy en referente de estilo, histórico y universal. ¿Por qué? Porque sigue siendo ella, y lo que hizo [ahora si, por propia opción] fue puro rock´n roll. Evolucionó primero que ninguna, y lo hizo, por supuesto, a lo grande. Por algo es reina, y de reinas, como ella sólo sabe [y lo sabe], la mejor... Elizabeth.



15.5.12

PARADOJAS DEL COUCHÉ


 Image::MR JAMES KARALES PHOTOGRAPHER © CANTON::



El domingo recién pasado, la cabecera británica “The Guardian” publicaba un artículo de opinión sobre el rol de las revistas femeninas respecto a su alejamiento de la realidad intrínseca de la vida de las mujeres, las de carne y hueso, o sea, la de todas. La periodista Eva Wiseman, básicamente, no les daba más importancia que aquella de pasar páginas como en la consulta del ginecólogo en el más desinteresado de los desaires, con más preocupación en el propio entrepiernas que en una cascada de recomendaciones sobre cosmética, dietas, cómo tratar a los hombres y cómo elegir vestido de novia. Después de recorrer el sinnúmero de sitios virtuales de esas revistas para confirmar la impresión de Eva, salí a la calle en su búsqueda. Di con “Vogue”, “Cosmopolitan”, “Harper´s Bazaar”, “Marie Claire”, “Elle”, “Glamour” y otro par de publicaciones locales. Sentado en un café comencé la revisión, página por página, una a una, en silencio, leyendo editoriales, entrevistas, artículos, notas, todas, durante casi cuatro horas. Con las locales te descojonabas [de verdad no tenían desperdicio] y luego con las globales fruncías el ceño, y no por el dolor de cabeza que te producían, sino por la reflexión de Wiseman. La mujer tenía razón. 



Se apoyaba su opinión, ¿Por qué? Porque habría que ver a quién ostras podría interesar esa cantidad infinita de superficialidad cutre en tantos kilos de papel, y habría que verlo porque en su interior, más que información, lo que integraban era un cansino y antiguo esquema editorial que es, desde aquellos años donde realmente funcionaba, a estos, un disparate. Disparate en el sentido de que resulta difícil que un hombre coherente, decente y al ritmo de los tiempos que vivimos, llegase a poder interesarse por una mujer que replicase las recomendaciones de esas revistas, tan alejadas de la realidad, por todo el dinero y la clase del mundo que se tenga [o se pretenda tener… la fauna es grande]. El mundo ya no funciona igual, para fortuna de unos y desgracia de otros. En el pasado caballeros esas revistas tenían un rol importante dentro de la vida de las mujeres, que era apoyar su refinamiento en todas las áreas que conforman el abanico de la femineidad, medios de comunicación al servicio de la opinión, la ilusión y la vida de una minoría, antaño, relegada a un segundo plano en beneficio de los hombros, para los que parecía escribirse toda la prensa durante décadas. En eso radicó la importancia que esas principales cabeceras tuvieron en sus tiempos dorados, por algo se convirtieron en leyendas. Todo eso, hoy, se ha ido al garete. Sin desmerecer el trabajo de sus respectivas editoras, y el de todos esos equipos [conociendo de primera mano el ritmo de trabajo frenético que aquello conlleva para sacar número mes a mes], las revistas femeninas se han convertido en una pedante representación de lo más triste del mundo moderno, un truco irrelevante para maquillar la confusión del glamour con la vulgaridad, la inteligencia con el espectáculo, la belleza con la esclavitud personal que aquello acarrea, uniéndolo todo como en un ballet mecánico [de cabaret], generando una gran nada, perdiendo reglas que en sus tiempos dorados eran ley, que en mayor o menor medida orientaban una época. Terminaron todas por convertirse en una extensión del patético “show business” que resulta gancho imprescindible para asegurar ventas y la propia permanencia, la supervivencia. ¿De qué te entraban ganas? Pues de tirarlas todas a la basura. Por supuesto, ninguna de ellas llegó a casa. Hablemos de pesos muertos. ¿No me creen? Basta mirar, hace nada, la repercusión global que tuvo la gala anual del Metropolitan Museum de Nueva York, donde capitaneada por la ya mediática Anna Wintour, agolpó cual rebaño numerado una cantidad de celebridades de la moda, la música, el cine y vaya uno a saber qué más. Usando de chivo expiatorio a las creadoras italianas Miuccia Prada y Schiapparelli, recolectó millones de dólares de un solo plumazo, volvió a posicionar a Vogue como una de las revistas insignia del conglomerado editorial CondéNast y de paso, ella misma se aseguró, como dando otro martillazo al clavo en el muro, esa imagen edulcorada de celebridad, iniciada gracias a un film inspirado en ella misma [que absolutamente todo el mundo se ha tragado], en una megalomanía que representa a ciencia exacta lo que el mundo de la moda se convirtió, o al menos las revistas femeninas… una horterada. 



Lo paradójico de todo esto estimados lectores, es que los mismos más grandes creadores vivos, vean esas revistas femeninas como esa periodista del Guardian: a la rápida. Sólo para asegurarse ver los avisos publicitarios de sus enseñas impresas y a las actrices, cantantes y chicas de turno vestidas con lo propio. Y ya. Wintour lo sabe, y muy bien. Probablemente ni ella misma preste mucha atención el kilo de papel en sus manos recién salido de imprenta. Honestamente lo dudo. Ya no se trata de “Vogue”. Se trata de ella. La marca es ella, y ese es su objetivo. Nadie dice que esté mal [todo el mundo quiere trascender, vamos]. Lo preocupante es que mujeres alrededor del mundo entero crean que eso es glamour, o estilo, o decencia, porque de eso, aunque les hierva la sangre, no existe nada. Lo del MET fue, una vez más, una gruesa confirmación. ¿Por qué? Porque una mujer con glamour, estilo o decencia, la de la vida real, la de carne y hueso, que se valga como mujer en su propia femineidad, se preocupa de las cosas que realmente le afectan, en la propia comprensión de la vida. En medio de una crisis gigantesca, un ejército de desclasados en los arrimos del poder, otro tanto de mercenarios tras su cuenta bancaria y la paulatina defensa de la individualidad egoísta que el mundo moderno alimenta cual carnicero a las hienas, en un consumo grotesco, eso que ahuyenta al hollywoodense príncipe azul con las que todas sueñas [inventado por Walt Disney, claro está] sinceramente, no creo que preste atención a un kilo de papel en sus manos que la oriente cómo elegir un vestido de novia, o a comprar zapatos u otras sandeces por el estilo… eso es de estúpida, y ni la misma cultura americana [cuna de la estupidez] se encuentra por estos días en la bonanza del sueño americano que les permitió a sus musas [en su tiempo] la posibilidad de la imbecilidad. En esto podríamos sacar a Vicente [MR Vicente Verdú] cuando se refiere al arte del engaño. En el juego de la mendacidad se encuentra la insidia o la estratagema pero también lo ilusorio y lo sugestivo. En ocasiones, el fenómeno de la captación se produce mediante el brillar de las propias lentejuelas pero otras se decide en el juego de bolos de las pupilas que contemplan. La mentira es un fornido pilar de civilización. De manera que, como puede constatarse en nuestros tiempos de gran crisis o en los de gran prosperidad el aura de la pobreza y de la riqueza, respectivamente, contribuyen a exacerbar la falacia de la comunicación. La mentira espolvorea cual azúcar a panqueque la historia, y se convierte en un sonoro granizo cuando los tiempos aprietan, como ahora. O en pólvora casi diariamente. El emisor puede ser honesto o no, paleto o culto pero en su oficio la calidad del artificio decide la autenticidad de su valor. Los profesionales, sin embargo, y sobre todo cuanto más oficio tienen son conspicuos fulleros. De ahí que se diga que se sacan siempre nuevas cartas de la manga. Cartas mágicas tanto más singulares cuanto mejor se esmaltan de buenas mentiras. En el artista, la argucia bien aplicada es la ganzúa hacia el éxito de la comunicación puesto que el arte es eminentemente ladrón. Nos roba el alma, el corazón, el gusto, la memoria. Viene a sacudir una existencia diaria, relativamente determinada, con otra de mayor indeterminación. Olor a menta, fresa, pestilencias, la creación artística nos recrea y de la misma forma que las réplicas nos fascinan y las falsificaciones nos liberan el arte nos salva de la verdad imperial. La verdad tan pura que acaba inexorablemente por matar. Sea a lo mejor por eso que las mujeres contemporáneas vayan de a poco desvinculándose de este tipo de productos editoriales. Todas esas editoras debieran modernizarse, profundamente, si pretendieran sobrevivir a la crisis del papel con dignidad, manteniendo ese poder de su época dorada sin bajarse la falda a ese violador del entretenimiento, que todo lo parte, que todo vulgariza, que heredó lo peor de Hollywood… debiesen caer en la cuenta que son editoras, no actrices de cine. 



De esto se desprende la pregunta de si, pese a sufrir los embates de una crisis sin parangón, desde lo editorial, desde lo económico y desde lo intelectual, ¿ Será más noble continuar en el vía crucis de producir revistas más “avant-garde” en un elegante anonimato, las que realmente leen en intimidad los más connotados y románticos creadores, como Alaïa, Margiela o la misma Prada, y por un lento pero cada vez mayor número de lectores, o será mejor cortar por lo sano, seguir el modelo Wintour, asegurar la supervivencia y convertirte en otro más de aquel circo hortera postmoderno cultivando ese arte, el arte del engaño?... ¿Sería mejor pasar de la ilusión que una revista descansase desde su salida de la imprenta en las bibliotecas y salones de las casas junto a los libros y pasar de la pena de que todo ese trabajo termine en el bote de la basura, como a Wintour da la impresión de importarle? Paradojas del couché. Supongo que al final, serán las mujeres las que tengan la última palabra. Todo esto, al final, es para ellas… aunque quieran engañarlas, ya no viven en Hollywood, y hay que defenderlas. ¿Por qué? Porque son nuestras musas, todas. Y os lo dice un hombre, y uno que ama el papel, con locura. Nada más. 



7.5.12

ARTE Y... ¿CRISIS?


Image::MR TIM BARBER PHOTOGRAHER© NYC::



El pasado miércoles dos de mayo, a las siete de la tarde, en la Team Gallery de New York no entraba ni un alfiler. “Animals” la nueva entrega de fotografías realizadas por Ryan [McGinley] congregaba uno de los mayores números de asistentes que una galería haya recibido en el último tiempo. Todos los medios de tendencias, artes y moda en los cinco continentes siguieron su exposición cual abejas y osos a la miel. Pero no hace falta entrar en muchos detalles. Era Ryan. Casi al mismo tiempo, el debate entre François Holland y Nicolas Sarkozy era seguido en tiempo real por toda Francia y cientos de millones de personas en el resto de Europa y el mundo. Las elecciones que han dado la victoria a Holland ayer eran más determinantes para el futuro del viejo continente que para Francia en sí misma, y todo el mundo lo sabía. Sin embargo, ni bien concluyó aquel debate, era otra la noticia que le usurpó los titulares, a ambos, en prácticamente toda la prensa internacional. “El Grito” de Munch, una pintura de tamaño medio, se convertía en la obra más cara de toda la historia de las subastas, con sede en Sotheby´s [a pasos de lo de Ryan] y una escalofriante cifra estimada en ciento diecinueve millones de dólares. ¿Cómo era posible que una pintura, el arte, cobrase en cuestión de instantes más interés que el debate a unas elecciones presidenciales vitales para el futuro de un continente y la salvaguarda de una crisis continental e internacional? Lo de Munch se transformó, para su propio legado y el de esa obra en particular, en puro rock´n´roll. Seguramente ahora, su valor y el de sus tres copias se habrán duplicado o triplicado, y eso abre un nuevo paradigma, no sólo en el mundo del arte, sino en todo el resto de áreas. Hablan los de siempre que la burbuja del arte saltó por encima de la crisis, para la cual toda la depresión mundial parece un chiste, y lo de Munch lo demostró, como un fuerte puñetazo directo a la nariz. Y a que no adivinan por qué… será, a lo mejor, porque son las artes el último campo de la vida de los seres humanos que no ha caído nunca, y probablemente, por su propia condición, per se, no llegue jamás a caer en juegos de poder y ambición, secretos y mentiras de todo el resto de áreas… así de simple.



Históricamente, hasta el más cruel de los seres humanos ha quedado a merced del arte, porque en ella y en su contemplación florecen sentimientos tan simples como importantes para la esencia misma de las personas, que pueden ablandar el corazón de hasta el más sanguinario de los asesinos. Su cotización radica en eso, en ese intangible, y por esa misma razón no depende de las subidas o bajadas de las divisas, ni del agotamiento de recursos naturales ni las orgías sexuales de las finanzas o la banca. Juegan en un nivel superior, igual de intangible. No es por nada que la más grande colección de arte del mundo esté en manos, precisamente, de la Iglesia [otra que juega con intangibles], ni que en cualquier clase de guerras o levantamientos, sean las obras de arte las primeras en ser rescatadas y escondidas o sacadas de los países bajo los más inimaginables sistemas, o por ser las primeras en ser robadas por quienes usurpan el poder. Las historias circundantes a las obras de arte guardan las historias más cinematográficas que se registren [tráficos, peleas familiares, asesinatos y conspiraciones incluidas] que han dado material inigualable a novelistas y el séptimo arte, en absolutamente todas las culturas. El robo de obras de arte de los museos más importantes del mundo, digan lo que digan, no puede tener cárcel, porque su robo requiere un nivel de sofisticación, elegancia y cultura prácticamente idéntica al del autor sustraído. Vamos, que cualquier artista vivo que se valga de tal [al menos para quien les escribe… llámenme loco, wathever], creo que estaría honrado que alguna de sus obras fuese sustraída por un pedazo de cabrón encapuchado que bajase del techo vestido de negro, burlase con elegancia todos los sistemas de seguridad más sofisticados y desapareciese de ahí sin dejar rastro con tu obra, además de todo el seguimiento policial posterior hasta dar con él, y por supuesto, con la obra. No sé vosotros, pero si alguna de mis obras en las diferentes colecciones donde se encuentran fuesen robadas así, en vida, y lograsen coger al bandido, no podría hacer más que ir a verle, darle la mano, partirme a carcajadas, conseguirle abogados o convencer a su propietario que levante los cargos, pagarle la fianza e invitarle a mi estudio y después a cenar al mejor restaurante de la ciudad para que me contase cómo lo planeó todo, cómo lo hizo, cómo entró, qué herramientas utilizó y después cómo hizo para hacer desaparecer la obra de la faz de la tierra o sacarla del país, vamos, el thriller completo y seguir hasta el último de mis días carteándome con él. Sería lo último que quisiese hacer antes de morir. Sería lo más.



Arte y… ¿crisis?... ¿Qué crisis? Crisis tienen en la banca, las finanzas, los gobiernos, la iglesia y los medios de comunicación, hasta el ciudadano de a pié, contemporáneo que grita como en la obra de Munch sin saber qué ostras pasará con él. El arte pasa total de vosotros, y resulta paradójico que en estos tiempos donde la cultura vaya a capa caída, sea la primer área en sufrir recortes de presupuestos por parte de los Estados, con artistas mirados por encima del hombro por rimbombantes empresarios, políticos y hombres de negocios, y luego, en un chasquido de dedos, quienes les quiten los titulares de periódicos y si no les bastase, cotizar más que una corporación entera, un conglomerado. Que les den. McGinley, en su inauguración, tenía una sonrisa que le partía la cara. Y lo merecía. Era del grupo de Dash, y junto a Dan Colen en la gran manzana lo eran todo. Lo que acaba de suceder debería servir precisamente a los artistas, un aprendizaje para no agachar la cabeza ante el desaire de ningún político ni empresario, sino todo lo contrario, porque les pueden dar vuelta la mano, así, como si nada. Y por supuesto trabajar, pero trabajar bien. ¿Qué importa si para mantener tu producción debas hacer trabajos menores que te permitan sobrevivir dignamente o con lo justo, si gracias a ello puedes lograr producir en cierta comodidad? Ahora hablo de los artistas… porque en eso los artistas caen muchísimos, en pensar que serán unos desgraciados muertos de hambre el resto de la vida, y en crear con esa mochila a cuestas, a sabiendas. No debería pasar, siempre y cuando tengas un nivel constante de producción, luego hacer una buena gestión de tu obra, con buenas comunicaciones, y después, crear una buena red de contactos que te permitan posicionar tu obra a un nivel aceptable donde gire por sí sola. El problema es que nadie quiere mover el culo, o hacerlo les atemoriza. Nadie dice que sea fácil, desde luego, pero tampoco es imposible, en absoluto. Y lo otro es que muy pocos con su obra propia proponen soluciones, por ende no tienen nada importante que decir… Eso, por ejemplo, es el eterno talón de Aquiles de los artistas latinoamericanos: darle de la manivela a localismos que no son universales, y por no serlo, no le interesan a nadie, o a muy pocos. Tampoco son capaces de transformas esos localismos en universalidades, que por su propio discurso sea reconocible para cualquier persona, en cualquier ciudad del mundo. Algunos de los más cotizados hoy, como Damien Hirst, Ai Weiwei, Marina Abramovich, Chisto, Jeff Kons, Anish Kapoor, el propio Ryan, Colen y ya fallecidos como el por estos días célebre Munch o Picasso, logran eso, universalidad, por eso pueden entrar en el panorama internacional, y por eso pueden cotizar y vivir de ello, o lograr esas cifras en una subasta como la del martes recién pasado. Al parecer, por nuestro tiempo [un absoluto caos], la única crisis en el mundo del arte, esté quizá, en la propia cabeza. A lo mejor suceda porque antes que preocuparles lograr esa universalidad en cada una de sus obras, estén más preocupados por convertirse en celebridades y estar en el sistema, y volvemos de nuevo a lo mismo. Parece que todo el mundo ha confundido la cultura con Hollywood… hay que prestar menos atención a los norteamericanos, o a la televisión, dijo alguien por ahí. Si Matta, Lahm, Kahlo, Soto, Rivera, Ferrari, Petorutti y otros más del círculo de oro de las artes latinoamericanas de su tiempo [por la zona geográfica en la que me ubico] lograron tener la repercusión que tuvieron a escala mundial, fue por razones muy sencillas. Primero, porque hicieron un trabajo de oficio. Segundo, porque lograron dotar a sus obras de universalidad. Tercero, porque generaron una buena red de contactos. Y cuarto, porque hicieron estupendas comunicaciones de lo propio. Por eso sus obras cotizan, como Munch, en Sotheby´s o Christie´s, sus aperturas están tan repletas como la de Ryan, y son robadas por sofisticados delincuentes, como “El Grito”. El que logre llegar a hacerlo, de nuestra generación, exactamente igual, merecerá aplausos. Y en lo personal, le invitaré a una buena cena, como al ladrón de museos. Será un placer, y enorme, como las elecciones de ayer. Enhorabuena por Francia, Europa, Munch y Ryan.




3.5.12

MILAGROSA MOVILIDAD


 Image::MR RYAN McGINLEY PHOTOGRAPHER © NYC::



Hace algún tiempo tomé la decisión de preparar maletas y largarme dentro de poco, algo más de un mes de Santiago de Chile, ciudad latinoamericana donde ya había permanecido dos años. La experiencia había sido positiva, pero ya era suficiente. A pesar de ser uno de los lugares más bellos del planeta [el mismísimo fin del mundo] con una Patagonia selvática de verde intenso, un desierto que te hacía sentir ínfimo y que en primavera se convertía en un jardín de flores de cientos de kilómetros y una costa en bruto lleno de gentes que en su pobreza y tosquedad siempre te regalaba una sonrisa, además una taza de té y pan recién salido del horno de barro sin más pretensión que hacerte sentir en casa, acogido, el resto era insoportable. El país miraba en todo momento a Estados Unidos, el nivel cultural de su gente dejaba bastante que desear [sobre todo de parte de los más ricos], con una clase política provinciana, vulgar [educada en la más prestigiosas universidades, por supuesto, norteamericanas], y una lucha de clases que dejaba boquiabierto hasta al más comprensivo. Su población era rabiosamente estafada en la educación, en el consumo y hasta en sus propios recursos naturales por parte de un puñado de familias hijos de inmigrantes, que veían a los cerca de diecisiete millones de habitantes como simples indios a los que podía usarse sin más reparo para enriquecerse, manteniendo con mano de hierro los fantasmas provenientes de la dictadura hasta en las más simples formas de ser, en la relación diaria, y a casi dos décadas de haber sucedido. Era todo muy fuerte… Era el país de la tristeza.  



El próximo punto de operaciones sería la ciudad de Buenos Aires, lugar de Borges, Gardel, Eva Perón y una de las sociedades más mezcladas de la tierra, con inmigración proveniente, desde la segunda guerra mundial, de Alemania [judíos que escaparon de las cámaras de gases y luego nazis de los juicios de Nuremberg], italianos del mussolinismo y españoles del franquismo, croatas, franceses y rumanos, entre muchísimos otros. Ciudad que a ratos parece París, a ratos Londres, a ratos una favela, a ratos un caos y siempre, siempre, Buenos Aires. Fabricante de los mejores actores de habla hispana, producción editorial, hombres y mujeres tan guapos como caídos del cielo [en el morbo entre su pedantería y gracia en sus formas que terminan riéndose de ], un solomillo delicia para los sentidos, vino y tango, ese baile erótico donde la mujer debe saber bailar mejor que el hombre, en cuya sutileza y rudeza dejaba una estela de romances. “Pero Argentina está en crisis”, me decía una amiga… “Anda guapa, que toda la vida ha estado en crisis”… y es difícil caballeros estar en crisis cuanto tiras un puñado de semillas y en cuestión de meses tienes una plantación que vamos, ni con transgénicos, a lo largo y ancho de otro de los países más bellos del extremo sur. Hay que montar el cotarro ahí, ya estaba decidido. Vamos, que se va a liar parda, y por cómo es Buenos Aires, seguro que ella, la ciudad, encantada de la vida. Ese monólogo le sacaba carcajadas a Manuel y su novia, una pareja oriunda de Jaén que luego de terminar su práctica en un organismo internacional en Santiago, seguirían rumbo hasta la fastuosa Río de Janeiro para instalarse allí, vaya uno a saber por cuánto tiempo. Y estaba muy bien. La movilidad, hoy, es un elemento vital. Primero para tener mejores oportunidades de vida en tal o cual sitio, de entrada [sin mencionar, por supuesto, a los cientos de miles de desplazados que a diario escapan de guerras civiles y otras tragedias parecidas, que al mundo desarrollado parece resultarles indiferente, como Siria], y segundo, porque alimenta el espíritu y amplia en campo de visión de la propia vida, y eso es siempre una garantía. Y pasa caballeros que entre la gente que tiene en sus modos de vida la movilidad, existe una conexión especial, porque los une un único y simple sentido que es la universalidad, así, sin más. Lo mismo hablas con un francés, un chileno, un boliviano, un tailandés, un saudí, un alemán o un ruso y no existen mayores diferencias entre ninguno, y eso es un privilegio… eso es un lujo, y del grueso. Y también porque alimenta la creatividad a unos niveles que luego te encierras a solas y la sonrisa viene gratis, inesperada, siempre decente. Nunca más caíste en fundamentalismos, y eso es un pro. Los diseñadores Juan Antonio Ávalos y Stefania Borrás, amigos cercanos, que en su momento estuvieron en medio del cotarro español se vieron afectados por la crisis, horriblemente, y cogieron maletas y se fueron, a Amsterdam y New York respectivamente. Roberto [Piqueras] hizo lo propio instalándose en Londres, al igual que Emilio [de la Morena]; Pola [Thomson] optó también por la gran manzana, Estrella [Archs] por París y Jessica [Trosman] mira en todo momento a la misma ciudad y también a Italia, y está muy bien. Asimismo otros amigos artistas, fotógrafos, periodistas o que venían del mundo de las económicas han hecho lo mismo. Y ahí están, cada cual peleando por lo suyo, y si va bien perfecto, y si va mal, pues siempre puedes volver a cambiar. Nadie te va a quitar lo bailado. Y fíjense, siguen sonando, e incluso más fuerte [a todo el mundo siempre le gustará la gente con huevos, o con ovarios bien puestos] y ya.  



La importancia de la movilidad para cualquier tipo de creador [y en realidad para cualquier persona] en el mundo moderno es fundamental, es la apertura de fronteras y pensamientos que pueda enfrentar a las tragedias y sobre todo a los desgraciados que hoy por hoy le asolan, cada uno desde sus respectivas áreas [o su opuesto], y aquello es muy difícil quedándose solo en un sitio [tampoco imposible, miren a Nicanor Parra…] porque estar siempre en un cuadrado, dentro de sus cuatro lados, lo dificulta enormemente. ¿Por qué? Porque te acostumbras, te acomodas a ello, y eso es un peligro, sobre todo para el intelecto. Si prestáis atención, los mejores artistas del mundo, como los más connotados personajes del mundo de la política, la empresa y los medios de comunicación tienen un común denominador en la mayoría de los casos, y que es eso: en sus propias formaciones o en la construcción de sus carreras, la movilidad entre países y continentes ha sido constante, y para eso hay que tener cojones, y todos ellos, independiente de si finalmente terminan cruzando la línea de la razón convirtiéndose en un cáncer para sus propios pueblos, o no, los tienen, y muy bien puestos. Y toda la vida ha funcionado igual. Se crean redes de contactos y círculos de poder que nadie que se quede dentro de su cuadrado tendrá jamás. Y qué queréis que os diga, al final se transforma en un vicio, y te lo pasas fenomenal.  



Las metrópolis mundiales lo son por esa razón, por el ir y venir de inmigrantes provenientes de todas partes del mundo, que crean istmos culturales en las ciudades que emancipan la cultura a un nivel de internacionalización en donde existe sitio para todos, y también gustos para todos, en donde nadie es menos que el otro, y que crean una oferta rica en toda suerte de mercados, y eso es una delicia. A su vez, esa instancia mitiga racismos, hunde xenófobos y ridiculiza extremismos, crea democracia. Eso pasa en las metrópolis [y ya veis que las derechas hoy en el poder, cada vez más numerosas, están tratando justamente de evitar todo ello, de detenerlo, porque no les conviene]. El gran tema es tratar, durante tu vida, la propia, la de cada uno, llevar esa metrópolis a la propia cabeza, y al propio instinto, en donde lo mismo comes con las manos las exóticas delicias de la comida pakistaní con un grupo de ellos en un piso en Barcelona, luego estás al medio de una pelea de putas transexuales esquivando tacones en Brooklyn junto a un amigo transformista portorriqueño, meses después junto a un diplomático alemán llegando a la gala en el Opera de París vestido de esmoquin, y luego de otro tanto, bailando un tango en un sitio de mala muerte con una mujer que te duplica en edad sintiéndose una divasi eso no es vida, díganme vosotros qué es. Eso es clase. Fue una de las bendiciones del capitalismo. Fue uno de los milagros del mundo moderno, y está al alcance de cualquiera, por supuesto, del que realmente lo quiera. Es la milagrosa movilidad. Disfrútenla, hasta el día de su muerte, porque créanme, jamás se arrepentirán, ¿Por qué? Porque estará en su lecho de muerte, y la vida le pasará frente a los ojos como diapositivas, y simplemente, se descojonará. 





30.4.12

AVANCE & RETROCESO

 Image::MR JAMIE HAWKESWORTH © LONDON::


Los últimos dos años han sido, no sé si os habréis dado cuenta, especialmente extraños. Al menos para quien les escribe. Ya nadie sabe quiénes son primer mundo y quienes tercermundistas gracias a las quinielas del universo de las finanzas; los desplazamientos migratorios se encuentran en pleno apogeo, en el primer mundo gracias a la crisis, y en el tercer mundo debido a las guerras civiles de dictadores que habían permanecido durante décadas en el poder que, en su afán de permanecer en su sitio, han hecho correr ríos de sangre sin escatimar en números [como siempre ha pasado]. Los desastres naturales han hecho sentir su fuerza como severas advertencias, casi a diario, y la población universal ha caído en la cuenta de que no todos eran lo que aparentaban ser, o lo que decían ser. Vamos, que la gente dejó de creer en todo, desde los políticos hasta las instituciones religiosas, pasando por toda la fauna empresarial, monárquica e incluso social y cultural gracias a una mentira sistemática en toda clase de áreas. La gente se hartó. Ese era el tema del que hablaba frente a una parrillada y una botella de buen vino tinto con Victor Abécassis, un parisino que la fortuna había hecho que cayese en Santiago de Chile a realizar una pasantía en la CEPAL [la famosa Comisión Económica para América Latina y el Caribe] hace algo menos de un mes. Guapo, de profundos ojos negros y tranquilidad en la conversación. Para mi sorpresa, hijo del ex redactor en jefe en la edición francesa de Elle hasta los noventa y una estilista retirada que había diseñado lápiz en mano infinidad de bocetos para algunas casas como Yves Saint Laurent y Dior en la década de los setenta en un mismo tranquilo perfil bajo. En la charla salían algunas conclusiones idénticas, como la impresión de que hubiese sido una fantasía vivir en aquella época fabulosa en la que crecieron nuestros padres; también en el hecho de la absoluta falta de sofisticación de ésta, a la que ambos nos estaba tocando vivir, donde a nadie le importaba el otro, en la cual la cultura parecía irrisoria, un completo espectáculo, una tomadura de pelo.




Luego de acompañar a Victor hasta la puerta de su casa y continuar rumbo a la mía, paragüas en mano, caminaba escondido bajo el manto de la noche invernal y la nariz entumecida pensando una y otra vez en aquella conversación, en ese tema, en la cultura, en lo que se había convertido contra reloj… al detenerme en un semáforo, un perro vagabundo, grande, bebía agua fría de un pequeño charco en la acera. Levantó la cabeza, me miró como diciendo “what the fuck, man” y luego se dio la vuelta para continuar su camino. Lo vi alejarse en silencio. Hasta un perro callejero se movía en su cansada naturalidad con una sofisticación que a tantos humanos les echaba en falta. Me sacó una sonrisa el muy cabrón. De todo lo sucedido [y bastante leído también sobre lo mismo] saco ahora a la mesa este tema, de por sí, tremendamente preocupante, y vale la pena, quizás, analizarlo más detenidamente. ¿Por qué? Porque de eso depende gran parte de lo que hoy está sucediendo en el mundo caballeros, a diario, a nuestro propio alrededor sin que muchos logren darse cuenta, ni muchísimo menos hacer algo al respecto, lamentablemente. Ahora se habla como una condena categórica de la farandulización de la cultura, como si todos confundiesen todo con Hollywood, si todo se hubiese convertido en espectáculo… ¿Os dais cuenta? Hasta el discurso político cae en ello… se te eriza la piel. Tanto Mario [Vargas Llosa] como Gilles [Lipovetsky] han entrado en su análisis, en la conversión de la cultura en un caos donde como no hay manera de saber qué cosa es cultura, todo lo es y ya nada lo es. Y es verdad, que quieren que les diga. La disolución de jerarquías y referentes es consecuencia del triunfo de la frivolidad, del reinado universal del entretenimiento, como muy bien contaba Mario a Jan Martínez Ahrens en referencia a su último ensayo “La civilización del espectáculo”, recién publicado. Iker [Seisdedos] también últimamente ha dado luces sobre este tema. Así iba a pasar. El empuje de la civilización del espectáculo ha anestesiado a los intelectuales, desarmado al periodismo y sobre todo devaluado la política, donde gana terreno el cinismo y la tolerancia se extienda hasta la corrupción. En todas las artes el erotismo pierde a favor de la pornografía… la postmodernidad se convirtió en un experimento, fallido, vulgar, pedante. ¿Pero sabéis donde se empezó realmente a gestar para después extenderse a todas las áreas de la vida como una pandemia? En las áreas creativas. Y fue planeado así… ¿Qué tal?... quién les escribe lo sabe bien porque fue parte de ese movimiento… ¿Y cuál fue la principal herramienta? Internet. Cuando las redes sociales aparecieron, mientras las grandes empresas, políticos, medios de comunicación e instituciones las miraban con desprecio por encima del hombro sin imaginar jamás el poder que llegarían a tener, los artistas ya las empezaban a utilizar para sus comunicaciones y autogestión propia. ¿Por qué? Porque era la única forma de salir a la luz pública y vivir de lo propio. Antes todo estaba controlado y las llaves para entrar en grandes ligas estaban exclusivamente en manos de intermediarios [editoriales, distribuidoras, galeristas, discográficas, agentes y demás]. Los que mejor supieron hacerlo, con un trabajo frenético, sin descanso, fueron los que hoy se han convertido en prácticamente celebridades, en los cinco puntos del globo, y más [por internet]. Después de ello, por supuesto, todo el mundo quería hacer lo mismo, pero los otros ya habían sido los primeros, al menos en ello. Por decirlo de alguna forma, ya estaban fuera de competencia. Prácticamente todo lo que viniese después, salvo fabulosas excepciones, sería puro ruido, más de lo mismo. ¿Cómo lo hicieron los pioneros? Comenzaron una red de contactos y colaboraciones entre diversas áreas [performers con músicos, artistas con diseñadores y revistas, cineastas con fotógrafos y novelistas, etc.] en las principales metrópolis del mundo, cuya repercusión, gracias a la universalidad de internet, serían conocidos con repercusiones gigantes que llamarían la atención de los “intermediarios”, a los que no quedó más remedio que integrarlos a las oficialidades con bombos y platillos para no quedarse atrás, para que no los dejase el tren. Aquello, en gran medida, significó un traspié por parte de los intermediarios. Desde ese punto, comenzarían a caer en picada, paulatinamente, hasta en cada vez mayor número de casos, ser prescindibles. “¿Quién quería intermediarios? Nadie”. Como que el tener intermediarios daba mala imagen… Ese fue el pensamiento que se ubicó en la forma de pensar de muchos creadores, de todas las áreas de las ramas creativas. Así entraron los 2.0 en el mainstream, pero pese a lo que los intermediarios se pensaban, no se perdieron con las luces ni el brillo con los que todos se confunden. Han seguido en esa otra actividad-realidad virtual y aquello mismo les ha dado incluso más credibilidad ante cientos de miles de usuarios, porque pueden acceder a ellos en sólo un click, en una relación directa con quien así lo desee, y con una buena estrategia y presencia en la calle, en la realidad, claro está.






De ahí, firmas, empresas, medios de comunicación y luego hasta instituciones religiosas, bancarias y políticas se subieron al carro… como si desde ahí, en esa otra escala, en esa posición intocable de impunidad, pudiesen controlar al mundo. Poco imaginarían que sería el mundo el que terminaría controlándolos a ellos, refutando sus dichos, avergonzándolos en tiempo real, denunciándolos por youtube, twitter o facebook… jamás hubiese nadie imaginado que la más férreas dictaduras del mundo caerían gracias a las redes sociales, comunicando gentes de punta a punta del globo terráqueo, organizándolos en cuasi conspiraciones globales que luego tendrían repercusión y acción inmediata en las calles. Los medios de comunicación que otrora tenían el bastión de la verdad según qué tipo de informaciones publicasen [o no, según sus intereses] ahora eran desmentidos y acusados de forma inmediata por los internautas apuntándolos con el dedo. Hasta la web del australiano Julian Assange, como si de un triller de acción se tratase, hizo tambalearse a medio planeta y puso sobre el tapete la realidad cruel de la política internacional norteamericana… entre otras muchas que la red ha hecho suyas… internet no era, ni es, un juego. Don´t fuck… como para un guión, sinceramente.





Ahora bien. Después de todo lo anterior, resulta kafkiano confirmar que todos los avances que la tecnología ha traído consigo, y los avances sociales que han devenido de ella, como los levantamientos civiles contra dictadores, la banca y la mentira sistémica, sean a su vez los responsables del retroceso humano más profundo de nuestro tiempo. Los vínculos entre las personas van desapareciendo por nuestra relación casi marital con una pantalla y a su vez, la globalidad de relaciones que suponen las redes sociales es infinita [siempre hay uno más interesante con quién poder tener una relación, y otro, y otro más]… en cierto sentido, la gente ha ido perdiendo el sentido de la realidad, y más preocupante es que así lo deseasen. Con tanta mierda que hay alrededor, y que crece cada día a pasos gigantescos, pareciese que la gente prefiere ese pseudo mundo llamado internet donde sólo vemos lo que queremos ver, lo que nos interesa ver… y así es. Es terrible. Todo se ha hecho falso. Todo es manipulable. Parece todo una gran mentira, y nada más que eso. En lo que a nosotros respecta, la infinita capacidad de almacenamiento de información de la red, más que entregar herramientas a los artistas para crear, no ha hecho más que vulgarizar su producción a través de la copia indiscriminada maquillada de “reinterpretación” y la pornografía como herramienta número uno. Pura mierda. Desde la música a las artes pasando por el cine y la literatura, no se ha salvado ninguna. Es deprimente. Esa banalización tiene consecuencias no solamente en el campo de la cultura, sino en todos los otros. A la política, incluso a la vida sexual, a la relación humana. Sería una tragedia que justamente en una época en que hay un progreso tecnológico, científico y material, al mismo tiempo la cultura pase a convertirse en puro entretenimiento, en algo superficial dejando un vacío que nada pueda llenar, porque nada puede reemplazar a la cultura en dar un sentido más profundo, trascendente, espiritual a la vida. A lo mejor la tecnología llegase para cagarnos la vida… o a lo mejor llegase para salvárnosla. Esa sea quizás la razón para que la gente vuelva a reconocer a los mejores artistas del pasado, rescatar esa etapa maravillosa de la humanidad donde un libro se escribía a mano o en una máquina ruidosa, los cantantes lo hacían a capela con la compañía de una orquesta entera enfundados en trajes de ensueño, los diseñadores de moda cocían botón a botón y los artistas olían el pigmento hasta dejarlos sedados, donde se produjeron las obras más bellas de las que el hombre tenga memoria, porque todo aquello traía consigo un romanticismo que por esta parte de la historia es sólo un recuerdo, un suspiro, una vez más… una mierda. Junto a la frivolización, como dice Mario, hay un oscurantismo embustero que identifica la profundidad con la oscuridad y que ha llevado a la crítica a unos extremos de especialización que la pone totalmente al margen del ciudadano común y corriente, del hombre medianamente culto al que antes la crítica servía para orientarse en la oferta tan enorme de la cultura [miren el caso de lo sucedido con Damien [Hirst] como simple ejemplo. No tuvo ni tiene punto medio]. Y pasa caballeros que hay niveles de especialización que son perfectamente explicables, a condición de que la especialización no termine por dar la espalda al resto de la sociedad, porque entonces la cultura deja de impregnar a su conjunto, desaparecen los consensos, los denominadores comunes que te permiten saber entre lo que es auténtico y lo que es embuste, entre lo bueno y lo malo, entre lo bello y lo feo… es increíble, estimados lectores, que se haya llegado a un mundo donde ya no se pueden hacer ese tipo de discriminaciones. Y lo grave es que si desaparecen esas categorías, entonces nos encontramos desnudos en el reino del embuste, de la picardía y la publicidad [esa otra basura] reemplaza al talento, lo fabrica, lo inventa sin más. Nosotros los Editores hacemos, por ejemplo, eso con la moda. Tenemos una preocupación con ella, pero desde luego la moda es poco probable que reemplace a la filosofía, a la literatura, a la música como un referente cultural, aunque no les guste. Eso lo tenemos clarísimo. Eso es una deformación peligrosa y una manifestación de frivolidad terrible, peligrosa. ¿Por qué? Porque la frivolidad es tener una tabla de valores completamente confundida y distorsionada, es el sacrificio de la visión del largo plazo por el corto, por lo inmediato. Nuestro trabajo es hacer precisamente eso, cambiar cada seis meses de opinión, y justamente, eso es espectáculo. De eso dependen las ventas de la ropa y los accesorios y el empuje o retroceso de un diseñador o marca, y punto.



Con respecto a lo mismo, la moda ha utilizado el sexo como un gancho fuertísimo para vender y promocionar su industria, y de ahí se ha extendido al resto de las áreas de la cultura, y es terrible, porque es la cultura, son las artes, el refinamiento de la sensibilidad que produce la alta cultura [aunque hoy decir eso suene políticamente incorrecto… a tomar por culo] la que crea el erotismo. El erotismo es una manifestación de civilizaciones, se da en sociedades que han alcanzado un cierto nivel de avance, de eso, de civilización, como de nuevo afirma el premio nobel. Y al mismo tiempo significa el respeto de las formas… la importancia de las formas en la relación sexual. El erotismo como una manifestación de civilización que debe ser reticente a la permisividad total… ¿Por qué? Porque mata las formas y al final se llega, otra vez [un retroceso sin parangón] a una suerte de sexo primitivo, salvaje. Eso es lo que ha pasado en nuestro tiempo, right now, por eso el sexo significa tan poco para las nuevas generaciones [para los nuevos que quieren subirse al carro y tantísimos más]. Significa un entretenimiento que es como ir al gimnasio, como cegar una fuente riquísima no solo de placer sino de enriquecimiento de la sensibilidad. Todo esto se manifiesta a su vez en la política, donde hay una mentalidad que identifica la política con la picardía, con la deshonestidad, y de eso se aprovechan poco inteligentes dirigentes políticos para robar, y menos inteligentes víctimas que se quedan en esa permisividad aceptándolo… lo ven, ¿no? No cuento ninguna ciencia oculta, tampoco hay que ser un genio para darse cuenta. Y eso es peligrosísimo sobre todo para el futuro de la cultura democrática. Si vamos a pensar de esa otra forma, entonces la cultura democrática no tiene sentido y a la corta o a la larga va a desplomarse también, como azotarse la boca contra el pavimento, y ya. Todos los artistas o los que se dedican a este negocio, deben saber que cuando la libertad desaparece es cuando la libertad se hace importante. Y cuando la lucha por la libertad se convierte en una prioridad, es ahí, en ese punto justo de la cuerda floja, cuando el intelectual, el escritor, el poeta, el fotógrafo, el novelista, el pintor y en estas fechas, hasta el diseñador que se valga a sí mismo como tal, empiezan a tener una importancia central en esa lucha. ¿Qué acaso no ven a Ai [Weiwei], una figura que representa hoy en día el espíritu de resistencia, la voluntad de apertura, de modernización, de democratización? El que no lo vea, simplemente, es un cretino, un subnormal. Un imbécil. Todo tiene un orden caballeros.


Afortunadamente, esos primeros artistas de todas las áreas que fueron pioneros en el uso de las autopistas de la información, hoy han logrado ser capaces de controlarla lo suficientemente bien para retomar los pinceles, los instrumentos musicales, el lápiz o la aguja [porque tampoco nunca los dejaron de lado]. Internet no los logró atrapar en ese retroceso humano del que el resto es víctima, y se empieza a ver ahora. Era sólo cuestión de tiempo para que lo demostrasen, y de forma natural. Internet era una herramienta más, y no más que eso. La creatividad y desde ahí la cultura, han caído de forma fulminante gracias a la crisis y la tecnología de este gimnasio cerrado repleto de máquinas llamado mundo, sobre todo entre los más jóvenes, y es imperativo que sean ellos, esos ya “fuera de competencia” los que logren mostrarle al resto [porque en ello fueron los mejores] que no juegan en esa farándula, en ese constante avance y retroceso como salido de una película de la revolución industrial, simplemente, porque ellos lo inventaron. Y deben de poder hacerlo, porque nada de esto es nuevo, o no les debería resultar a novedad. Basta mirar los libros de historia para caer en la cuenta que no estamos haciendo más que repetirla, pese a sus diferencias, una vez más. La raza humana no ha llegado a ser lo suficientemente inteligente aún para no tropezar de nuevo con lo mismo, porque la imbecilidad es, y ha sido siempre, su principal característica. En esa “desfarandulización” de la cultura, en el desafío de volver a una suerte de principio, de concretarlo, créanme, el resto hará lo mismo, porque sólo saben copiar… Y lo saben. Sólo es cosa de volver a convertirlo en “cool”, o como lo quieran llamar. Los medios de comunicación deberán apoyarlos, y ya han sido avisados. La prensa… la prensa… En la prensa el sensacionalismo es la expresión de una cultura. La prensa forma parte de la vida cultural de un país, y si la cultura empuja a la prensa a la chismografía y el cotilleo, y hace de ellos un elemento central, al final caballeros el mercado se lo va a imponer a los periódicos, a las revistas, radios y televisiones, por más responsables y serios que pretendan ser, sobre todo en la prensa escrita. Y lo estamos viendo en todas partes, todos los días. Los periódicos y revistas más serios tratan de resistir, pero en un momento dado tienen que hacer concesiones si la supervivencia está en juego, sobre todo en estos tiempos. El origen no está en los periódicos [a menos que sean propiedad de Murdoch], sino en la cultura reinante, que impone la frivolidad y el amarillismo, y en eso, la propia cultura y sus principales representantes tienen una responsabilidad. Vamos chicos, que los que llevamos ya años en esto sabemos perfectamente bien que el universo de internet y las redes sociales permiten la exposición universal de un artista o de un pensador al instante, además de burlar todos los sistemas de censura y a los fucking intermediarios, y eso es un progreso, gigante. Pero ojo, al mismo tiempo es también otra forma de confusión que tiene efectos negativísimos en la cultura, en la información, y lo sabéis. Sabéis perfectamente bien que el exceso de información significa la desaparición de la discriminación, de las jerarquías, de las prioridades, donde todo alcanza un mismo nivel de importancia por el simple hecho de estar en la pantalla, y porque todas querían ser, en cada una de sus medidas, reinas… Hay que, disculpando la expresión, darles por culo, a todos, de vuelta. Ya sabéis cómo hacerlo. Es el modus operandi, y no es difícil, y va a estar bien [ordenar el cotarro]. Ha sido siempre igual, como el tango caballeros… avance y retroceso. Empiecen… o mejor dicho, regresen. La decisión es de cada uno. Nada más.


23.4.12

DAMIEN

 Image::MR TIMOTHY GREENFIELD-SANDERS © NYC::


A principios de este mes, con sede en la ciudad de Londres, el mundo del arte hervía. Damien [Hirst] inauguraba una de sus más grandes retrospectivas en la Tate londinense como una verdadera celebridad. Daba turnos de veinte minutos a grupos de fotógrafos de medio mundo con cara de agobio y respondía con mejor o  peor gana a los periodistas, y no era de extrañar. Se ensañaron con él. Grandes críticos y redactores, como si con sus palabras algo pudiesen desmerecerlo, intentaron quemarlo en la hoguera. Damien pasaba de todo, y de todos. Como bien contaba el corresponsal Walter Oppenheimer, las polémicas que le acompañaron no se referían tanto a su obra y su personalidad como a la importancia que el dinero parecía tener en su carrera. Algunos tiburones apuntaban que la muestra era una hábil maniobra comercial cuya presencia en la Tate generaría [genera y generará] una inmensa publicidad en un momento en el que algunos atisban un estancamiento de sus ventas y, casi peor, de su cotización en los mercados del arte. Londres y la Tate también ganarían con la muestra de Damien, porque probablemente será la medalla de oro en cuanto asistencia a las grandes muestras que la capital británica ofrece a los visitantes en el año de los juegos olímpicos se refiera… y es cierto. La pregunta es… ¿y qué?


 
Damien, hoy por hoy, es el artista más rico del mundo, con casas en las afueras de Londres, México y Tailandia, padre de dos hijos y una cuenta bancaria repleta. Sus obras y exposiciones atraen al público como moscas y utiliza las más sofisticadas estrategias de marketing viral para atraer visitantes a los museos y clientes a sus ventas. Me pregunto qué es lo que les molesta. Deberían estar agradecidos que un artista agote taquillas y de renombre a su país y ciudad en vísperas de un evento de repercusión universal. ¿Qué le molesta a los críticos… Que haya pasado de ellos, comisarios y galeristas [igual de olímpicamente] y él solo haya conseguido ventas en su propia subasta autogestionada como ningún otro artista vivo jamás? Parece que es eso, y se entiende. En forma y fondo su utilidad y pertinencia pierde enormes niveles de credibilidad y pone en juego el negocio de muchos… eso a nadie le gusta [los que están detrás del negocio, claro]. Pero… ¿No es eso en lo que se ha ido convirtiendo el mundo, sobre todo en las áreas creativas, donde les va yendo mejor a los creadores que se autogestionan, y no solamente en el arte, sin bajarse los pantalones ante nadie? Honestamente, muchos artistas deberían aprender de Damien. Los críticos, comisarios y galeristas, verdaderamente, no se podían creer ese rollo de que eran indispensables para la legitimización de tal o cual artista. Habrá pensado Damien “Iros todos a tomar por culo”. Y así lo ha hecho, y le ha ido mejor que a ninguno. ¿Y si los otros hiciesen lo mismo y les fuese igual? Si quien les escribe fuese galerista, o crítico, qué quieren que les diga. Estaría acojonado.


 
Algunos, como Mario [Vargas Llosa] dicen que la cultura se ha convertido en una farándula de poca monta, donde ya no se haya diferencia entre la alta y baja cultura, que la gente habla más de moda que de literatura o música, y es verdad. Tiene mucha razón. Pero, ¿Han visto lo que hace Damien, y lo que ha hecho desde ese primer momento donde ese chaval posaba en la morgue con una pícara e inquietante sonrisa junto a la cabeza seccionada de un hombre gordo y calvo de mediana edad, hasta hoy? Damas y caballeros, Damien fue el primero y único que se la veía venir, que predijo él mismo lo que sucedería con la cultura de nuestro tiempo, y actuó a tiempo, ¿cómo? Miren toda su obra, no es nada más que eso, la representación exacta del mundo en el que nos hemos convertido, y él mismo, como artista, se transformó en representación de lo que somos, y al mismo tiempo, les ha ido dando de puñetazos no sólo al sentido filosófico del arte, sino también a su realidad en el mercado. Les dio por culo, a todos, y les sigue dando. Es admirable. Y no debería tratarse tanto de admirar el detalle de cada una de sus piezas como de admirar el propio ingenio del autor, porque en ese propio dar por culo, existe una evolución, consistente con sus ideas y cambios constantes en sus métodos, vamos, como el propio mundo. Y Damien no se mete con cosas específicas, menores. Damien trata conceptos tan globales como históricos, en las afrentas e imbecilidades donde el ser humano ha caído una y otra vez sin aprender la lección. Él no ha hecho más que ponerlo de manifiesto, y eso parece molestarle a quienes han pasado décadas encerrados entre cuatro paredes analizando libros y obras sin ser conscientes lo que pasaba alrededor, en ese mundo que cambiaba a un ritmo de vértigo. Damien iba a la par. No supieron verlo, y siguen si ser capaces de verlo. Que les den. A su alrededor, la gente está buscando [y busca] en objetos de formas nuevas, un objeto importante para cualquier artista. Damien pasa total de aquello. Eso ya lo conoce. Es todo acerca de las apariencias vacías. Los tiros contra Damien no son más que la obsesión para con los artificios dorados que supuestamente les representa Damien, como un hombre cuya definición de la misión está negando el dicho sobre la belleza y la verdad. Por la misma razón, para todos aquellos que se aferran al ideal de John Ruskin de un artista con la responsabilidad de un predicador, Damien es una afrenta. Es muy gracioso caballeros, una ironía apropiada para un hombre paradójico que insiste en que toda obra debe “decir algo y negarlo al mismo tiempo”, y lo hace espectacularmente, a grandes ligas. 


 
Mientras que críticos atacan a Damien, parecen olvidar los ataques que agitan Siria desde hace más de un año, que han expuesto sus tesoros arqueológicos al pillaje y la destrucción, sobre todo en la antigua ciudad de Palmira y las ruinas grecorromanas de Apamea, inscritas en la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO… parece que es más importante [o les dará más importancia] hablar de Damien en la comodidad de las salas de la Tate que de Siria, cuya capital, Damasco, es una de las ciudades más antiguas del mundo. Con Mesopotamia, Siria comparte las grandes etapas que han marcado los principales avances humanos, como el nacimiento de las primeras ciudades… ¿Y entonces? Una época más segura de sí misma caballeros, podría esperar a sus artistas para decir algo sólido en su lugar, pero las preocupaciones-propósitos de Damien, plutocrática [e incluso sus productos farmacéuticos] son las preocupaciones de nuestra época. Él es, quizás, el mayor representante de nuestra época, y sus contradicciones, y lo hace a propósito. Es el artista que nos merecíamos. Por eso se enriqueció así, y lo sabía. Déjenlo en paz, porque le da, yo, vosotros y todo, exactamente igual. Enhorabuena guapo.