18.5.15

LA EDUCACIÓN


Image::MR DANIEL RIERA PHOTOGRAPHER © BCN::

A finales de julio próximo, aterrizaré una vez más en la ciudad de mis ojos y de mis años de juventud: Buenos Aires y su perfume perpetuo a garbo, pese a todas sus complicaciones. En esta oportunidad, para dictar una conferencia en el décimo Encuentro Latinoamericano de Diseño invitado por la Universidad de Palermo, sobre nuevas tendencias en ilustración de moda y comercial. Entre medio de la investigación sobre el tema, de nuevos ilustradores y la nueva (y no tan nueva) camada que irrumpe en los grandes espacios publicitarios, grandes campañas y medios de comunicación de toda la vida para darles aires frescos, asimismo de los nuevos outsiders de la ilustración protegidos por las mejores revistas de tendencias de los cinco puntos del globo, recibo un libro en mis manos, casi de casualidad.


El libro se titula “La Lámpara Maravillosa” del escritor y poeta colombiano William Ospina, Premio Nacional de Poesía en su país el año noventa y dos, y Premio de Ensayo de la respetadísima Casa de las Américas en el dos mil tres y trece libros a sus espaldas. La obra que cae en mis manos, se trata de cuatro ensayos en noventa y ocho páginas sobre la educación y un elogio a la lectura. No es menor que ya desde la primera página, MR Ospina cuente que cada cierto tiempo circula por las redacciones de los diarios una noticia según la cual muchos jóvenes ingleses no creen que Winston Churchill haya existido, y muchos jóvenes norteamericanos piensan que Beethoven es el nombre de un perro o Miguel Ángel el de un virus informático… que un joven no sólo no sabía que los humanos habían llegado a la luna, sino que creía que lo estaban engañando con esa “nueva noticia”. Desde ahí, a abrir una ventana como hecho: que nuestro tiempo es paradójico y apasionante, y de él podemos decir lo que Oscar Wilde afirmaba de ciertos doctores: “lo saben todo pero es lo único que saben”. El periodismo no nos ha vuelto informados sino noveleros y la propia dinámica de su labor ha hecho que las cosas sólo nos interesen por su novedad: sino ocurrieron ayer sino anteayer ya no tienen la misma importancia. Por otra parte, la humanidad cuenta señores con un océano de memoria acumulada; al alcance de los dedos y de los ojos hay en los últimos tiempos un depósito universal de conocimiento, y parecería que casi cualquier dato es accesible… sin embargo caballeros, tal vez nunca había sido tan voluble nuestra información, tan frágil nuestro conocimiento, tan dudosa nuestra sabiduría… ello demuestra que no basta la información: se requiere un sistema de valores y un orden de criterios para que ese ilustre depósito de memoria universal sea algo más que una sentina de desperdicios.


Y quiero hablar de educación, aprovechándome de la posibilidad de estar muy pronto, una vez más, frente a un grupo de alumnos dentro de cuatro paredes en un centro educativo, con la pregunta de ¿Qué coño es la educación? Esto es un blog de moda, por ejemplo, con dos millones de visitas, y las tiene porque vivimos en una época que a toda prisa cambia costumbres por modas, conocimiento por información y saberes por rumores, como dice el querido William, a tal punto que las cosas ya no existen para ser sabidas sino para ser consumidas. No sólo existe una estrategia de la provisión sino una estrategia del desgaste, pues ya se sabe que después de usar un vaso hay que destruirlo enseguida. Por la lógica misma de los medios modernos, bastaría que un gran producto dejara de anunciarse, aunque tenga una tradición de medio siglo, y las ventas bajarían de una manera abrupta. Quizá corresponderá a la psicología o a la neurología descubrir si de verdad los medios audiovisuales tienen esa capacidad pedagógica que se les atribuye, o si pasa con ellos de borrarse de la memoria con una facilidad asombrosa. Lo mismo ocurre con la industria editorial. Interesan por igual los malos libros que los buenos, y no siempre hay un criterio educativo en su trabajo. Un pésimo libro, insoportable, que se venda bien, a lo sumo puede ser justificado como un momento que ayudará a atenuar las pérdidas de los buenos libros que se venden mal, en la inevitable conclusión de que las cosas demasiado gobernadas por el lucro no pueden educarnos porque están dispuestas a ofrecernos incluso cosas que atenten contra nuestra inteligencia si el negocio se salva con ellas. Entonces, ¿A qué vamos a la escuela, a recibir conocimiento o a aprender a compartir la vida con otros, a conseguir buenos amigos y buenos hábitos sociales?... ¿Es la educación que transmite nuestro sistema educativo demasiado competitiva hecha para reforzar la idea de individuo que forjó y ha fortalecido la modernidad?


La cosa se complica tanto en nuestra contemporaneidad en cuanto las verdades de la estadística no pueden eclipsar las verdades de la psicología o de la estética. Un hombre debe ser igual a otro hombre en las oportunidades y en los derechos, pero también es importante que sea distinto. A veces la educación no está hecha para que colaboremos con los otros sino para que siempre compitamos con ellos, y nadie ignora que hay en el modelo educativo una suerte de lógica del Derby, a la que solo le interesa quién llegó primero, quién lo hizo mejor, y casi nos obliga pistola en la cabeza a sentir orgullo de haber dejado atrás a los demás. De todo esto desprendemos otra idea, más importante aún, y me refiero a ser competentes. Cuando hablamos de la “Competencia”, nos referimos a la capacidad de ser excelentes en nuestros respectivos oficios según la lógica darwiniana y quizá sea correcto este camino de avance sólo a través de la competencia y la rivalidad. Sin embargo, si cogemos los prismáticos y en ese Derby de pésima pedagogía de las sociedades excluyentes, donde la fórmula cual carrera de caballos es la de que uno triunfe al precio de que los demás fracasen, será reconfortante para los triunfadores pero deprimente para todos los demás, provocando un auténtico semillero de resentimientos, es decir, contagiados de la lógica norteamericana que nos divide entre ganadores y perdedores hasta en el mundo del arte, reino por excelencia de lo cualitativo sobre lo cuantitativo. ¿Quién dice que el aprender es algo cuantitativo consistente en la cantidad de información que recibamos?... ¿Quién le dice a Usted que el conocimiento es siempre algo que se adquiere, que se recibe?... ¿Qué pasaría si aprender fuera perder y no ganar, si ya Platón decía que la ignorancia no es un vacío sino una llenura?...¿Por qué una fruta tiene, por “lógica” que caer de un árbol, cuando las nubes o los globos suben? Quizá lo mejor que podría hacer hoy, en nuestros días, la educación formal por nosotros, es ayudarnos a desconfiar de lo que sabemos, darnos instrumentos para avanzar en la sustitución de conocimientos. Probablemente los educadores formales me digan que eso no es educación, sino adiestramiento… ¿Y no piensa Usted que es necesario que nos adiestren para salir a luchar a la selva de la vida real mientras nos educan para una vez allí fuera, no quedar paralizados del miedo, gélidos del terror?, ¿A Usted no le pasó? Vamos, a todo el mundo. Mientras la educación siga siendo sólo búsqueda del saber personal o de la destreza personal, todavía no habremos encontrado el secreto de la armonía social, hoy por hoy tan necesaria para salvarnos nosotros mismos, porque para ello no necesitamos técnicos ni operarios sino ciudadanos. ¿Dónde se nos forma como ciudadanos cuando la asignatura de Educación Cívica ya casi ha desaparecido de las mallas curriculares, en todo el mundo?... ¿Dónde se nos forma como seres satisfechos del oficio que realizan?... ¿Sabe Usted lo importante que resulta en todo esto y en nuestra vida el gran y extraordinario fenómeno de la felicidad?... de la felicidad.


El tema de la felicidad no suele considerarse demasiado en la definición de la educación, y sin embargo es prioritario, por no decir fundamental. Necesitamos caballeros hombres y mujeres profesionales si no felices, altamente satisfechos de la profesión u ocupación que han elegido, del oficio que cumplen, y para ello es igual de fundamental que la educación, en toda su amplitud, no nos dé apenas un recurso para el trabajo, una fuente de ingresos, sino un ejercicio que permita la valoración de nosotros mismos, como sucede en quienes practican las artes, comparándolos con la tristeza que suele acompañar a cierto tipo de trabajos en los que ningún operario siente que se esté engrandeciendo al realizarlo. Esta época, que convierte a los obreros en apéndices de los grandes mecanismos, en seres cuya individualidad no cuenta a la hora de ejercitar sus destrezas, es especialmente cruel con millones de seres humanos, y eso no puede ser ni se puede tolerar, porque no se trata de escoger profesiones rentables sino de volver rentable cualquier profesión, por el hecho de que se la ejerce con pasión, con imaginación, con placer y recursividad, aspirando a que no existan oficios que nos hundan en la pesadumbre física ni en la neurosis, haciendo que olvidemos interrogar el mundo a partir de lo que somos, y fundar nuestras expectativas en nuestras propias necesidades. ¿Por qué asumir pasivamente los esquemas?... ¿Por qué aceptar un tipo de parámetro profesional que convierte un oficio en una limitación insuperable? Nada debería ser definitivo, sino por el contrario todo debería estar en discusión. Y esto es importante, porque si bien entendemos a la educación como el gran remedio para los problemas del mundo, mirando el aprendizaje como la más grande de las virtudes humanas, es también una gran responsabilidad, y esto, porque los seres humanos aprendemos, y porque aprendemos somos peligrosos. Nuestras virtudes son también nuestras amenazas, porque el privilegio de pensar, de inventar y de aprender comporta también aterradoras posibilidades. En nuestro actual modelo, en constante degradación moral, política y empresarial, donde a todo se presta atención presurosa y superficial, debemos preguntarnos seriamente si la educación está criticando estos comportamientos, o si acaso está reforzando este modelo. ¿Cómo convertir entonces a la educación en un camino hacia la plenitud de los individuos y de las comunidades? Evidentemente, convirtiendo también el modelo de desarrollo, que suele ser el que define el modelo educativo. Si durante mucho tiempo el modelo de Occidente ha sido la productividad, la rentabilidad y la transformación del mundo, hay también un tipo de modelo de productividad que no da empleo, una rentabilidad que no elimina la miseria, una transformación del mundo que nos hace vivir en sordidez, más lejos de la naturaleza que en los infiernos de la Edad Media. Os cuento todo esto para reafirmar, una vez más, que el nuevo modelo debe ser de un desarrollo de equilibrio y la conservación del mundo.



Nosotros podemos dictar las pautas de nuestro presente, pero son las generaciones que vienen las que se encargarán del futuro, y tienen todo el derecho de dudar de la excelencia del modelo que crearon nuestros padres y abuelos y en el que vivimos en aparente perpetuidad, y pueden tomar otro tipo de decisiones con respecto al mundo que quieren legarles a sus hijos. Es como con la tecnología. Después del boom de iPads, iPhones, facebook, twitter, google, amazon o instagram, lo que los volverá prudentes en su relación con la tecnología no será la previsión sino la evidencia de que también hay ella un poder terriblemente destructor. Ese es el actual paradigma de la educación, esperando, por el bien de todos, que den con la clave para su correcta transformación. Sería un puntazo.


15.5.15

CONFERENCIA INTERNACIONAL



La Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo [Buenos Aires, Argentina] organiza Diseño en Palermo, el Encuentro Latinoamericano de Diseño, que nace con el objetivo de ser un espacio destinado a la capacitación, la vinculación y el intercambio de experiencias entre profesionales, académicos, estudiantes y empresas del campo del diseño.

Algunos de los Invitados de Honor que dictaron actividades en el Encuentro son: Norberto Chaves, Isidro Ferrer, Ricky Sarkany, Felipe Taborda, Mario Eskenazi, Martín Churba, América Sánchez, Ronald Shakespear, Ruth Klotzel, Alejandro Magallanes, Jorge Frascara, Hugo Kogan, Ricardo Blanco, Ernesto Rinaldi, Esteban Salgado y Steve Diskin.

El Encuentro se realiza todos los años -desde 2006- y recibe más de 5500 personas provenientes de más de 20 países. La inscripción es libre y gratuita y se realiza a través del sitio web http://www.palermo.edu/encuentro 



13.5.15

LA ACEPTACIÓN

Image::MR BUNO STAUB PHOTOGRAPHER © NYC::

¿Sabe Usted cuán importante es la aceptación? Si está leyendo este blog y este artículo, es porque se trata de una persona amante de la moda y las tendencias, y antes de continuar, es fundamental que entienda que en el corazón de la moda y las tendencias, en este mundo, es precisamente la diferencia eso, su corazón, y por ende, regla básica de cualquier persona con una cercanía a esta industria. Probablemente jamás lo podría entender una persona proveniente de otros mundos, de las finanzas, de la administración y hasta podría arriesgarme a asegurar que ni siquiera de la política actual. ¿Y sabe Usted por qué? Porque precisamente es de las diferencias de donde provienen las tendencias, y posteriormente, de la moda misma, de la moda dura. Y posterior incluso a todo eso, a lo que deberán acoplarse esos otros mundos si no quieren perecer en el cementerio de lo viejo y cansino. ¿Por qué? Porque la moda, como su mismo nombre lo da a entender, es el camino de transformaciones que van dándose en la ruta de desarrollo de nosotros mismos, de nuestras sociedades, como cultura, y son las tendencias las primeras en olfatearlas y transformarlas en objetos de consumo que sigan engrasando la rueda de un sector industrial… de consumo, como siempre lo ha sido, en realidad.


Si el mundo financiero, político y empresarial, pese a las manifestaciones alrededor del planeta siguen siendo los dueños de todo, han tenido que reinventarse a lo que la moda y las tendencias les impone… como un yugo. El sexo, las nuevas tecnologías, internet y sus aplicaciones han contraatacado al modo de entender el capitalismo y por muy descabellado que parezca, el sobre exceso de información que recibimos influyendo directamente la educación y el modo de ser, de todos. Ni nuestros padres piensan ya como lo hacían hace diez, o veinte, o treinta años atrás, acoplándose a los avances del mundo moderno y del otro, internet, que es a la vez pasado, presente y futuro. ¿Qué sucede entonces?... ¿Se lo ha preguntado? Es todo muy confuso. Si todos están hipnotizados ante la cantidad y diversidad de información, como nunca antes ha existido… ¿Cómo entiende Usted que hoy ningún adolescente sepa quién llegó a la luna ni cuándo? Es más, que piensen que Usted les está tomando el pelo… Internet ha tenido un rol fundamental en los cambios sociales de Egipto, España o Chile, por nombrar solo algunos ejemplos. El comercio en internet cotiza en la bolsa de valores de las principales capitales mundiales. Simples mortales son ahora verdaderas celebridades gracias a la red… ¿Qué pasó? Ha sucedido todo tan rápido que no hemos alcanzado siquiera a darnos cuenta. Vaya a un Starbucks (que ahora es tan súper mega guay) y vea a la totalidad de la cafetería con la cabeza agachada frente a un teléfono con un logo de manzanita mordida.


Hoy por las redes sociales cualquiera es super mega guay con una foto de perfil en blanco y negro, con un Instagram chulo o un blog zen. “La simplicidad es la mayor manifestación de la sofisticación”, era la premisa de la desaparecida Bauhaus… el estilo de vida parisino moderno, y parece que se le ha pillado el truco, siendo contrario a los diseñadores grandes que ponen sobre la pasarela apuestas barrocas o sobrecargadas de color remitiendo a los sesenta primero, y ahora, refritos inspirándose en viejas culturas asiáticas o de Medio Oriente. La gran pregunta podría ser entonces: ¿Qué es lo que aceptamos? O mejor aún ¿Qué es lo que realmente deberíamos aceptar?... ¿Podemos aceptar tan futilmente la inspiración china en una gala de un museo en Nueva York repleta de cantantes con un abrigo cuya cola es una gran pizza y/o todo el mundo sacándose “selfies” pese a la prohibición de la supuesta todamegapoderosa Anna Wintour?... en un país donde un poco más allá, en el mismo sitio, la población negra de Baltimore se lanza en una verdadera batalla campal por sus derechos civiles contra la policía como si replicáramos 1968?... ¿Qué es lo que debemos aceptar? Sin lugar a dudas, la mezcla de Hollywood con la moda hoy es inaceptable, porque ha cambiado mucho en 60 años cuando aquello iba de la mano. Lo de ahora es… ¿Cómo decirlo sin ser ofensivo?... poco elegante, quizá. Trastocado. Hoy el hijo de una amiga, de diez años, con Síndrome de Espectro Autista (SEA), un metro setenta de estatura y ciento cinco kilos de peso tuvo una crisis. Se le tiró encima (como casi a diario) en un ataque de violencia típico de esta clase de niños “especiales” contra ella, lejos de todo glamour. Estando en la escena, intervine contra el niño para tratar de evitar que mi amiga, de cuarenta y cinco años, terminase con los brazos y las piernas llenos de hematomas. Con los míos propios llenos de los mismos hematomas les escribo estas líneas, con bastante dificultad por cierto. El tema es que después de dos horas del suceso, diez años de un verdadero infierno para ella y una búsqueda exhaustiva por la red para encontrar al mejor especialista en ese campo, sabíamos ya del doctor e investigador alemán Andreas Kalcker, una eminencia que en la inmediatez de Whatsapp y su propia ética, me enviaba el teléfono de la directora de una fundación en el país especializada en el tema, para terminar con el infierno, o al menos estabilizarlo. Veinte minutos al teléfono con aquella mujer de tono suave, directo y muy cariñoso, también madre de un autista de la misma edad, dieron con un protocolo para comenzar con el fin de un vía crucis, en un tiempo algo más largo, obviamente. Algunos amigos, cercanos, también mi pareja, me decían que saliera de aquel mambo a toda velocidad, que no era mi problema. Y yo me preguntaba, a solas y en silencio, de noche: “¿Por qué?”…  ¿Por qué voy a escapar de la dificultad de una amiga a la que le tengo mucho cariño, que llora cada noche, que vive un infierno casi idéntico al vivido por una mujer con un marido enorme, dictatorial y agresivo, que le da de ostias si no sigue sus instrucciones, y no por voluntad, sino por una enfermedad, rara?... con un marido ausente que se piró por no tener los huevos para afrontar un hijo con una dificultad…  ¿Y qué pasa entonces si con esa intervención salvas una vida, o dos, o de una familia entera?... ¿Y qué pasa si este caso, con la ayuda de Kalcker, del alemán, quizá, puede dada las dimensiones físicas del niño, ser un referente para todo un país acostumbrado a la negación producto de la desinformación y un sistema de salud rudimentario o abrir un rumbo nuevo de aceptación hacia la diferencia, como sucedió con el apoyo idéntico hacia una fundación en Chile por los derechos civiles de la población homosexual siendo tú mismo parte de eso?”… “Vete a tomar por culo”, fue la respuesta a los amigos “cercanos” y a la pareja… Hay que tener huevos… honestamente.



¿Por qué os cuento todo esto? Porque quizá, son esas actitudes las que desde esas posiciones a veces polémicas, generan cambios en las sociedades, y por ende, en las modas, siempre y cuando tengan resultados positivos, y por supuesto, siempre desde el anonimato, sin cámaras ni periódicos de por medio. Eso hace casi una centuria atrás olvidada en los recuerdos, tan alejada de las nuevas tecnologías y los nuevos medios de información y comunicaciones, se consideraba como clase caballeros… ya casi extintas, humildemente, sin galas en el MET de Nueva York, ¿Por qué? Porque eso es pura fantasía, idéntico al mejor show de Victoria Secret y esas ocurrencias tan propia de los amigos estadounidenses con mucho brillo y piel, siempre muy ellos. Hay un libro recientemente publicado por un autor colombiano, poeta y novelista, que habla sobre los cambios de la educación y usa como mismo ejemplo el de la llegada del hombre a la luna, la información y la desinformación producto del mismo sobre exceso de información. ¿Qué mejor información vas a recibir que el de vivirla tú mismo, en carne propia para ponerte a investigar en internet, hablar con la gente apropiada teléfono en mano, leer libros hasta altas horas de la madrugada en las escuelas especializadas y buscar soluciones a tus problemas y quizá dar un testimonio propio, personal, para decir algo más, y quizá, encontrar una solución, o un acercamiento? Porque de eso se ha tratado siempre nuestra propia evolución, como humanos… así seguimos avanzando, y eso señores, internet jamás nunca lo va a poder hacer, y eso es igual a hablar de moda, ¿Por qué? Porque la moda siempre lo hará primero, ¿Por qué? Porque es de eso de lo que se tratan las tendencias… ¿De qué? De tratar de encontrar una respuesta, y primero. Acéptelo todo, y por supuesto, todo lo que eso acarrea, cruzando océanos, y pensamientos, y voces contrarias, y como un campeón. La aceptación, y sin dramas. Puede que muera solo, pero en paz, aunque eso de solo, créame de nuevo… lo dudo. Sino, como decía Carlomagno, solo venimos y solo nos vamos. No es menor.


26.4.15

EL NUEVO MUNDO EDITORIAL

Image::MR JON BREITFUSS PHOTOGRAPHER © CHICAGO::

Las cosas han cambiado tanto en el mundo editorial en tan pocos años que sus responsables aún no terminan de estar desconcertados, pese a acoplarse a todos y cada uno de los avances tecnológicos de los que hoy disponemos, de la mano. Se siente en el aire de una habitación con enormes ventanales abiertos, frente a una mesa enorme llena de los últimos ejemplares de prácticamente las mejores revistas. ¿Y en qué se parecen todas? En que no son revistas, pese a serlo. METAL, Fantastic Man, Monocle, Gentlewoman, 032c, I-D, POP, Self Service, Dazed & Confused, Capricious, Encens, Hércules Universal, BUTT, Candy, Hello MR, Animae, Hunter, Sang Bleu, Odiseo, Novembre, Egoïste, Apartamento, entre una veintena más de nombres y otras nuevas como CR, Fucking Young, Animae, Le Petit Voyeur, Openhouse, Plethora, Darling, The Great Discontent, Agapornis… todas lo mismo: ninguna baja de las trescientas páginas.


Trescientas páginas, ¿lo puede creer?... impresionante, ¿no? ¿Sabe Usted por qué? Porque se convirtieron en libros. Ya hace años era un secreto a voces entre los editores que habría que convertir las revistas en una suerte de libros de colección para poder sobrevivir. Internet las estaba asesinando, a todas, como a los periódicos y en realidad a todos los medios impresos en papel. La muerte del papel. No podía ser. Internet debería estar al servicio de una revista, como su empleada y no al revés. Pues bien, las convirtieron en libros sin bajar por ello la cantidad de números por año, y aumentando su calidad. En ella debían encontrarse todos los contenidos que no podían tener acceso a través de internet. Contenido superior. En la premisa de que en la cantidad de información que provee internet, era muy difícil (aun en nuestros días) separar la buena de la no tan buena, aquella selección debían proporcionarlo las revistas especializadas, y punto. Y desde ahí, a la totalidad de sitios en internet que copiarían sus contenidos, pero después. Jamás tendrían la primicia. Desde ahí, internet debería ser solo un canal de transmisión publicitario, redes sociales incluidas. Y ha dado resultado, al menos de momento. ¿Qué más hacer? Gentlewoman organiza sus propias maratones en Londres, Hello MR días de pic nic en el Central Park de Nueva York, METAL sus ya míticas fiestas, 032c con sus exposiciones y un bar en sus oficinas de Berlín, y suma y sigue.


Lo curioso de todo esto es que con estos nuevos formatos, las revistas se han abierto otra puerta, y nos referimos a su debut en el mundo de las editoriales de libros. La británica PenguinBooks ha sido recientemente la pionera en agregar a su catálogo la primera revista publicada por ellos mismos bajo la supervisión de los creadores de Fantastic Man, Gentlewoman y BUTT. La debutante es THE HAPPY READER, una publicación realmente fascinante. De adicción inmediata. Nacen más librería dedicadas a la venta de revistas de colección y las tradicionales de toda la vida, abren estanterías nuevas para este nicho que han madurado con los años hasta lograr la excepcionalidad. También las editoriales tradicionales tratan cada vez más de que sus portadas se parezcan al atractivo de las revistas de tendencias, las más minimalistas. Bien por ellos, bien por todos.



Hace pocos años era una dificultad contar en las portadas con alguna modelo que estuviese dentro del ranking de las 15 top del momento sin una buena suma de dinero. Hoy, con el mismo presupuesto, las estrellas del cine y la música ruegan por estar en ellas. No es malo. Y es un sueño poder seguir viéndolas impresas arriba de una mesa. El cierre de la edición impresa aterró, desde la desaparición en papel de la emblemática Newsweek, pero gracias a la inteligencia de los editores, fue solo una falsa alarma. Aparecen incluso aún más revistas con la ilusión de que les vaya bien, y se les debe ayudar, siempre y cuando sean buenas, obviamente, aunque por todo lo que hay sobre la mesa, es indudable que talento hay, y a raudales. Suscríbase a alguna de ellas, será una estupenda inversión, porque en ellas encontrará solo lo mejor, y primero que nadie. Todo el resto, hágalo en internet.

EL BOLSO

Image::MR TYLER SHIELDS PHOTOGRAPHER © LOS ANGELES::


En el mundo industrializado del siglo XXI, es prácticamente imposible que ninguna mujer tenga un bolso. Es más, todas tienen más de uno y es que si el dicho dice que “un complemento lo hace todo”, es quizá el bolso quien crea la atmósfera total del look femenino. Y crea el look porque dentro de él cabe cada mundo total y a su vez reducido de la mujer enfrentada a la selva de la calle. Los hay minúsculos, los hay gigantescos, y depende del nivel de dependencia de cada una a “sus cosas” y de su propio estilo que determinará qué o cuál bolso utilizará. Asimismo, es el bolso en gran número de oportunidades con el que cada mujer compite en la descarnada lucha de clases por la apariencia, la belleza y la superioridad por sobre otras mujeres.


Adivine Usted de qué viven casi todas las firmas de alta costura en la actualidad. Pues sí, del bolso. Representa el mayor número de utilidades para un sinnúmero de firmas, pasando por Hermès, Gucci, Escada, Loewe, Prada o Louis Vuitton hasta las miserables copias de la gigantesca industria de la falsificación. Dese una vuelta por Beijing, Taiwan o Hong Kong y verá dentro de estas tiendas una verdadera guerra sin cuartel por conseguir el último modelo, ostias incluidas. Un ejemplo notorio de la fiebre por el bolso es desde hace décadas el archiconocido “KellyBag”, un modelo creado por Hermès dedicado a Grace Kelly, una de las leyendas del séptimo arte convertida en monarca junto a Rainiero en Mónaco. La espera por obtener una copia hecha a mano del ejemplar puede tardar entre dos a tres años a una suma que da escalofríos.


Cientos de miles de bolsos son producidos a diario con los modelos más inimaginables, y es probablemente el producto que por su propia funcionalidad siempre contará con una clientela fija. Asimismo, la atmósfera creada por sus diseños de acuerdo a cada enseña, embriaga a los consumidores con el perfume de la sofisticación y la elegancia, sino pregúntenle a Louis Vuitton o Gucci, que pese a la incansable repetición de sus modelos y hologramas, mantiene sus ventas incluso en épocas de crisis económica y financiera. Sin embargo, el liderazgo indiscutible del mundo del bolso sigue en manos de la firma familiar gala Hermès, la única enseña que sigue manufacturando de forma artesanal, con sus artesanos trabajando el cuero y la piel como ninguno, con poca necesidad de innovar en modelos y procesos, y es esa su principal divisa.



¿Qué prefiere Usted? El cuero, el plástico o la lona? Para gustos, colores. Los hay para el uso diario, para un cocktail nocturno o un gran viaje, cuya misma representación de su función sigue embrujando mujeres en cada rincón del planeta, jóvenes o mayores por igual. Podrán cambiar los tiempos, podrán existir avances tecnológicos que nos vayan simplificando la vida y nos hagan independizarnos de cosas u objetos que otrora eran indispensables. Pero a pesar de todo lo que suceda, la mujer, nunca, dejará de usar el bolso, ¿Por qué? Porque es parte de ella misma, de su feminidad y de su lugar en el mundo, pasen los años que pasen. Quedan bolsos para mucho, mucho más.



22.4.15

PERFIL: GISELE BÜNDCHEN

Image::MR TERRY RICHARDSON PHOTOGRAPHER © NEW YORK::


Gisele Bündchen, la modelo mejor pagada del mundo, acaba de renunciar. Se baja de las pasarelas hasta nuevo aviso, aunque ella asiente que para siempre. Nadie se lo cree, y es porque una de las mujeres más hermosas del mundo, rostro de cualquier súper marca, tiene carrete para mucho, mucho más. Su último desfile fue el miércoles pasado para la firma Colcci durante el Sao Paulo Fashion Week con un front row repleto de familiares, amigos y fanáticos de la Bündchen. “Mi cuerpo me pide parar” explicó como motivo principal de su retiro, y es que con treinta y cuatro años, en el mundo de la moda, es suficiente. Basta de cuidarse y empezar un poco a disfrutar de la vida real, de sus dos hijas sin aviones de por medio y de un buen solomillo, y con doscientos cuarenta y siete millones de dólares en el bolsillo. Carpe Diem.


Nacida como Gisele Caroline Nonnenmacher Bündchen en la bella ciudad de Horizontina hace treinta y cuatro años atrás, de la cuarta generación de inmigrantes alemanes en Brasil, políglota y culta, de primeras fue rechazada, y vamos, que tampoco le interesaba. Fue la insistencia del booker Dilson Stein la que pusiera arriba de una pasarela en el New York Fashion Week causando furur y al cabo de los años como rostro de cualquier súper marca global, desde celulares Vivo hasta Valentino, portada de prácticamente todas las revistas emblemáticas de la moda, de Vogue a Harper’s Bazaar.


¿Cuál es el secreto de esta modelo, que la puso por encima de todas las demás? Simplemente, ser ella misma. Alejada de excesos, una vida sana, distante a los escándalos tan típicos de las top de los noventa y una capacidad camaleónica para posar como una sensual femme fatal o como una agradable madre de familia, Bündchen se convirtió en un prototipo visual ideal para ser rostro desde las más conservadoras firmas de retail hasta las exclusivas enseñas de alta costura. Bündchen no discrimina y al mismo tiempo, pasa de todo. Y es que una de las mayores divisas de esta modelo, es ser latina. Todo el mundo quiere a Brasil, y todo Brasil quiere a la Bündchen, querida y respetada en su propio país a la altura de Pelé o el fallecido Niemeyer.


Desde ahora, Gisele Bündchen solo hará trabajos precisos y apariciones especiales, y como no, comienza su carrera como actriz. ¿Dónde? Ni más ni menos que en la factoría más grande del gigante sudamericano: las telenovelas. Queda Bündchen para rato, profeta total en su tierra, y más allá. Enhorabuena.  




29.3.15

LA DELGADA MODA

Image::MR PETER LINDBERGH PHOTOGRAPHER © LESZNO::


En septiembre pasado, durante el desfile de Giorgio Armani en la Semana de la moda de Milán, todos los asistentes quedaron estupefactos. Las modelos que lucían su última colección en la pasarela, no podían distar más del canon de belleza femenina. Las sospechas de bulimia y anorexia en la mayoría de ellas era francamente inquietante. Horrorizados ante una treintena de esqueletos que caminaban bajo los focos con rostros cansinos, tan faltos de vida que la pena era el primer sentimiento ante un completo absurdo con tufillo a anemias crónica. Y es que aquello es la dinámica habitual en los backstages de los recintos milaneses, neoyorkinos, parisinos y londinenses, y desde siempre.


Pues bien, ha sido en Francia donde Marisol Touraine, actual Ministra de Salud, ha tomado cartas en el asunto junto al neurólogo y diputado socialista Oliver Verán. Ambos han presentado dos proyectos de ley que de ser aceptados por el poder legislativo, impondrán multas y sanciones a las agencias cuyas modelos no cumplan con los criterios sanitarios. Agencias como Ford o Elite estarán imposibilitadas de contratar mujeres extremadamente delgadas, amenazadas con multas que bordean los setenta y cinco mil euros y también penas de cárcel para sus responsables. Asimismo, otra ley prohibirá la existencia de webs que promuevan dichas imágenes que conceptualicen la delgadez femenina hasta la enfermedad. Y es que por las calles de París, donde el imaginario colectivo ve pasear por sus cafés, tiendas y librerías a las mujeres más perfectas jamás vistas, esconde nada menos que más de treinta y cinco mil jóvenes y no tan jóvenes víctimas de la anorexia. Este número escalofriante ha impulsado un cambio radical en los cánones que el mundo de la moda, la belleza y la estética se han inventado durante décadas, obligando a la industria desde que se apruebe la ley, a un cambio de paradigma que hasta nuestros días ha permanecido con voluntad de fierro, que verá sus efectos, sin lugar a dudas, en el resto del mundo entero.


“Belleza es poder” dice un dicho, y muy cierto en nuestros tiempos. Los bellos, inteligencia aparte, ganan sobre los feos en todo orden de cosas, como así mismo las cosas bellas sobre otras no tan bellas. Y es que como decía hace una década atrás Ana María Corti, el mito de la belleza no solo enfrenta mujeres por medio de la comparación, sino que las agrede a todas por igual. Asiente que el poder de la belleza no es tal, sino por el contrario, se trata de una dictadura despiadada sobre un gran número de mujeres que recurren a las más diversas técnicas, aún por sobre su salud, para no ser condenadas a la descalificación por ellas mismas. Estaríamos refiriéndonos a una estrategia contemporánea de segmentación y exclusión social basada en la obsesión moderna por la perfección de la imagen corporal en una epidemia del culto al cuerpo.


Si entendemos, como asegura Corti, que la discriminación valorativa es uno de los más grandes obstáculos para la realización plena de los derechos humanos y uno de los factores que genera mayor violencia social, se hace necesario, imperativo, una nueva visión de la imagen corporal femenina y para ello es esencial generar un entramado social en donde la discriminación de aquellos modelos corporales diferentes y muy reales, se acepten y valoran socialmente. En ese sentido, la propuesta de Touraine y Verán cobra importancia capital en nuestro mundo actual y en una industria donde el trato al físico se ha tornado estrafalario. De aprobarse el nuevo proyecto de ley galo, la próxima Semana de la Moda de París cambiará radicalmente, y junto a ella, todas las demás, para que la moda, de una vez por toda, no sea una delgada línea divisoria entre la belleza y la enfermedad.




2.3.15

SOBERBIA

Image::MR DMITRY BOCHAROW PHOTOGRAPHER © MOSCOW::


“Lo único que no me gusta de ti, es que me pareces demasiado soberbio”, me dijo un chico ayer. Quedé mirándolo fijo unos instantes, en silencio, antes de reírme. Creo que no sabía aquel chico, exactamente lo que era la soberbia… la soberbia. ¡Qué palabra! No era la primera persona que me lo decía. Ya mi padre, cuando era pequeño me lo decía: “Hijo no seas soberbio. Es el peor defecto que una persona puede tener”… Años después, cuando entrara por primera vez a los pasillos del Museo del Prado, o llegase a la tumba oculta de la pirámide más grande de Giza, en el Cairo, o apareciera ante mis ojos la galería de cristal del Palacio de Versalles y mirara por una de sus ventanas aquellos jardines creados por Luis XIV, o quedase paralizado ante el glaciar Perito Moreno en el fin del mundo argentino, entendí lo que realmente era la soberbia, y no estaba ni remotamente cerca de eso, sino todo lo contrario… 


Soberbio fue Adolf Hitler. Soberbio fue Stalin. Soberbio fue Franco o Pinochet en el sentido más extremo de ese defecto, cuyo extremismo acabó con cientos de litros de sangre corriendo literalmente por las alcantarillas. Soberbios fueron también los creadores de lo que hoy conocemos como las maravillas del mundo ideadas y desarrolladas por la mano del hombre, activos materiales de la grandeza a lo que en distintas épocas hemos sido capaces de llegar a ser y crear. Soberbios los científicos que han querido tener en sus manos a través de sus investigaciones, el poder de llegar a salvar una vida, motor principal del desarrollo de la medicina actual, en constante evolución. Soberbios los artistas, que en su visión metafísica de la vida y el hombre, nos han legado esas maravillas que hoy se subastan en los salones de Christie’s o Sotheby’s a precios igualmente soberbios, cuyas transacciones individuales serían capaces de alimentar pueblos enteros azotados por la miseria. Soberbios todos esos premios Nobel, que si no tuviesen ese defecto dentro de ellos, probablemente no hubiesen sido capaces de crear todas las maravillas por los cuales son galardonados. Soberbios todos esos diseñadores de moda cuyos aires de grandeza han proporcionado trajes que con el paso del tiempo se han convertido en objetos de museo, obras de arte anheladas por cualquier clase de cuerpo, registros de su propio tiempo... La soberbia es una cosa tremendamente especial, que no siempre se entiende bien. 


Siendo estudiante en Buenos Aires, durante un examen de fin de año en una clase de pintura, nuestro profesor llamado Ricardo Laham (ex ayudante de Emilio Petorutti, ganador del premio Gugghenheim el mismo año junto a Roberto Matta) le pidió a mis compañeros que me evaluaran. Esa sería mi nota final. Ellos, cerca de 7 personas, fueron lapidarios. La última compañera en evaluarme dijo “Le pongo la nota mínima, para que aprenda a no ser soberbio”… Laham nos dijo a todos: “Jamás he puesto un diez en toda mi carrera docente a ningún alumno” Luego se dio vuelta hacia a mí y continuó: “Pero a ti te pondré un diez, porque dentro de todo este grupo, y de todos los grupos que tengo aquí y en otras universidades, creo que eres el único artista. El único artista de verdad. Te pongo un diez por tu soberbia, porque siempre los que no sean lo suficientemente buenos, encontrarán soberbio a quien si lo sea, y eso es una maldad que la gente está muy acostumbrada a hacer. Te pongo un diez para que todos tus compañeros aprendan desde hoy, a ser menos soberbios”… puede que Laham haya entendido la soberbia como un sinónimo de bella factura en la estima apropiada del sí mismo que proviene, según el objetivista Ayn Rand, de la ambición moral de vivir en plena consistencia con valores personales racionales. La misma soberbia era para Nietzsche una virtud elevada propia de hombres superiores, conducente a una honestidad absoluta con uno mismo imposibilitando cualquier clase de trampa o acto deshonesto, en una superación constante buscando estar por encima de los demás y no ocultarlo ante nadie y sobre todo.



Sin embargo ese modo de entender la vida y el mundo no es entendida por gran parte del común de las personas, sino como uno de los más graves pecados capitales. No se entiende como mirar a un caballo brioso o un pavo real limpiando sus plumas, sino como esa orgullosa actitud de sobrevaloración del uno mismo respecto a otros para saltar por sobre obstáculos o situaciones o desvalorizar un contexto específico. Una horrible incitación al valorarse demasiado creyéndose capaz de hacer cualquier cosa por encima de los demás e incluso de uno mismo. Un simple y prepotente arrogante. ¿Será esa la verdadera visión de la arrogancia?... ¿Por qué no podría ser la soberbia el mensaje que pretende transmitir la inutilidad de los placeres mundanos frente a la certeza de la muerte, animando, como sostenía Eclesiastés, la adopción de un sombrío punto de vista sobre el mundo?... ¿Qué pasaría si entonces, los soberbios fuesen en realidad altos practicantes o representantes de la objetividad? Si se supone que para ser objetivo a la hora de expresar un juicio el sujeto debe abandonar todo aquello que le es propio, como las ideas, las creencias o las preferencias personales para alcanzar la universalidad, ¿podría un universal ser tan universal para llegar a ser confundido con un soberbio? Es un tema que aún en nuestros días no encuentra una respuesta que cubra toda su amplitud. Lo importante, tal vez y en determinadas circunstancias (donde no corran ríos de sangre), sea entender a un supuesto soberbio no como la satisfacción de la propia vanidad a través del deseo de ser preferido por otros, sino como acto de autoafirmación y reivindicación en un mundo contemporáneo donde aquello como valor, hoy, es una joya. Invaluable. 



18.2.15

DIOSES Y REYES


Image::ALEXANDER McQUENN © LONDON::



Penguin Press acaba de publicar hace una semana el nuevo libro de la corresponsal de moda en París de Newsweek y colaboradora de The New York Times Dana Thomas, titulado “Dioses y Reyes”. En la obra, la periodista narra el ascenso y la siguiente caída de dos grandes nombres del mundo de la alta costura: Alexander McQueen y John Galliano. Sin duda un par de temas que aún hacen mucho ruido, y es que la truculencia de ambos casos son caldo de cultivo ideal para el morbo y la incrementación de ventas de la editora del pingüino.


Su publicación nos regresa a esos momentos, cuando Galliano se convirtió en la extravagancia más grande que conociera la conservadora Maison Dior, un circo de los grandes arriba de las pasarelas. Asimismo al momento de McQueen, cuando un sombrío teatro hiciera sudar helado a todos los que alguna vez presenciamos sus desfiles repletos de oscuridad y precisión técnica en trajes como sacados de películas de ciencia ficción. Pareciese hoy cuando sonó el teléfono y al descolgar el auricular una voz anónima desde Londres, al otro lado del teléfono, me avisaba que el inglés se había colgado del armario un día antes del funeral de su madre dejándome inmóvil, frio, petrificado… como a todos, o cuando me enterara por la prensa que John (Galliano) borracho y puesto hasta las cejas en un café de París le gritaba a dos turistas que deberían ser encerradas en una cámara de gas aduciendo a los métodos aplicados contra los judíos durante el horror del Tercer Reich. Me llevé la mano a la frente y agaché la cabeza en ese entonces, sabiendo que los propietarios de la casa eran ni más ni menos que unos de los judíos más ricos de Francia. Cretino. Pero vamos, que bajo el efecto del alcohol todo el mundo hace y dice tonterías. Sin embargo fue linchado y expulsado de la firma. Fue el ya fallecido Oscar de la Renta que en su solidaridad latinoamericana le diese una nueva oportunidad en complicidad con la cabeza de la edición norteamericana de la revista Vogue Anna Wintour, para acabar convertido en el nuevo director creativo de la agonizante Maison Martin Margiela tras la salida de su fundador, hace ya años y por estos días propiedad de un grupo italiano cariñoso con el show business y las alfombras rojas.


El circo, la verdad, ya a esas alturas, resultaba bastante cansino. Una cosa era que se tratase de un par de genios del hilo y la aguja, y otra muy distinta, que se creyesen el cuento aquel de creerse algún tipo de rey, o más grave aún, algún tipo de Dios. Hablamos de moda, no de medicina o ciencia… Dana Thomas los usa para desarrollar una investigación de cuatrocientas páginas por donde desfilan ex amantes, ayudantes resentidos, vampiros nocturnos quienes junto a uno u otro se metían por la nariz hasta el azúcar y no dejaban florero con agua. La autora del libro se defiende aduciendo a que fueron dos creadores que pagaron un altísimo precio por la mutación del mundo de la moda, donde de una locura romántica y creativa todo se transformó a un mundo de poderosas multinacionales globales. Pero debería saber, nuestra querida Dana, que toda la vida ha funcionado así, desde que partiera la democratización en la moda y la apertura de nuevos países emergentes con alto poder adquisitivo, y desde que Zara se volviese más poderosa que los grupos PPR o LVMH juntos. Si ambos cayeron como presas perfectas de esta nueva globalización, por qué otros no… ¿Por qué no cayó Westwood, por qué no cayó Gaultier, por qué no cayó Slimane cuando eran igual de niños malos de la moda? Quizá, porque nunca terminaron de creerse esa idiotez de dioses y reyes. ¿Por qué no cayó De la Renta, Valentino, De Castelbajac  o Saint Laurent? Absolutamente, porque tenían bastante más y mejor educación, desde la cuna, como para no fliparse con el circo de la moda y todas sus estupideces, así de simple, así de claro. Fueron y son más caballeros, de otra época de verdadera alta costura y buen gusto en la moda.


McQueen era el último de seis hijos de un taxista; Galliano hijo de gibraltareños españoles católicos, llegado siendo un niño al barrio judío del peñón en Londres. A McQueen le cambió la vida al convertirse en ayudante en los talleres de Savile Row Anderson & Sheppard; a Galliano al abrírsele el mundo dentro de las aulas de la Saint Martin’s.  Años después de que la vida les sonriese y tiraran todo a la basura por inestabilidades psicológicas o perfiles psiquiátricos, no fue culpa del mundo de la moda, sino propia, fue culpa de su falta de voluntad y sus excesos con el alcohol, las drogas, el sexo y la vida nocturna. Supongo que todos en algún minuto pasamos por lo mismo… pero las voluntades son otras, que sumado a suicidios por parte de seres queridos, cercanos, terminaron por hacerlos estallar como una bomba de tiempo, y ya. Darle más manivela a la caja musical del morbo no es correcto con un muerto en el caso de McQueen, y en el de Galliano, Dana Thomas hace estallar igualmente su popularidad por los aires, inconsciente de ensalzar en nuestro mundo y nuestra época, la burla por el cuidado por las palabras, por la comunicación y por la desvalorización de aseveraciones tremendas del horror que sufrió su propio país, sus antepasados y su continente, más aún en los hechos tan recientes de Charlie Hebdo que tiene a todos aún con las manos temblorosas. Sin duda, un libro de poca monta, en la seguridad de que Galliano al menos, podrá siempre transformar su historia, para mejor, y morir viejo y en paz. Hay algo muy raro en tratar de la misma forma las vidas de un vivo… y un muerto… Hay temas más interesantes que documentar, sin lugar a dudas, MS Thomas.

        


15.2.15

ESTILO

Image::MR NICO PHOTOGRAPHER © BARCELONA::


Han concluido ya las principales pasarelas internacionales de la moda para las colecciones otoño-invierno 2015. Con una especial atención por la aplicación de tecnología y su romance perturbador con la artesanía, quedan ya tiradas las cartas de lo que se usará la próxima temporada estival de la línea del ecuador hacia arriba, y seis meses después hacia abajo. Sin embargo, debajo de las pasarelas la realidad es otra. Han pasado ya varias temporadas pero el estilo general de nuestra época no se resigna a abandonar el grunge, lo vintage y el ya cancino estilo hipster. Y es que no pasa aún una recesión que ha abofeteado al mundo entero a palma abierta. Y es que pareciera ser que en estos estilos millones de jóvenes mujeres han encontrado un refugio para crearse una imagen con prendas y accesorios al alcance de sus no muy abultados bolsillos. Y para los hombres corre la misma regla. Las barbas se multiplican cual Grecia clásica, las camisas leñadoras, alpargatas, zapatillas de lino y suela de goma, gafas de pasta, morrales, suspensores y pantalones pitillo se producen a mansalva, los baúles de las abuelas son saqueados cual viejo oeste por las nietas y el plástico en muñecas, cuellos y orejas hacen de China y Taiwán amos y señores de la moda. Y qué quieren que os diga, está bien.


Por las calles de grandes y pequeñas ciudades van y vienen hombres y mujeres como una gran manifestación poética de oda a los mendigos. Algunos se ven muy bien, otros regular, otros… bueno, hay de todo en la gran flora y fauna. Los tatuajes de estrellas en hombros y brazos, de pin-ups en caderas y gemelos se reproducen en todos los colores y los aretes al estilo tribal nos regresan a las primeras tribus africanas del mundo. El negocio de la próxima década serán las clínicas para quitar a láser los tatuajes de todas esas pobres almas y reconstruir quirúrgicamente miles de orejas cercenadas pagadas por padres indignados. Grito y plata. Los menos arriesgados, han convertido a Zara, Mango y H&M en verdaderos imperios casi sin siquiera hacer publicidad. Todo el mundo se ve distinto, todas las personas se aprecian diferentes… tan diferentes en esa oda a la mendicidad, que una vez más, como todo ciclo en la moda, han acabado por verse todos iguales. Le llamaremos la “tribu mileurista”.


Y la tribu mileurista nos enseña, en su ausencia de estilo, sobre la importancia de eso mismo, del estilo. El estilo real, que aún nadie es capaz de explicar, a excepción de aquellos que realmente lo tienen, que normalmente no hablan… y pasa que no todos pueden ni deben vestirse igual en las formas y en los tejidos. Lo vintage o lo grunge puede quedar bien en una joven delgada, pero arruinaría a una mujer mayor. Cuando se conjunta forzosamente la proporción del cuerpo con la función de la ropa, se va todo al garete. El gran secreto está en ser consciente del cuerpo propio, y luego en su atractiva distribución. La ley marcial, debe Usted saber, es entender que la ley de la belleza, las normas del estilo y la elegancia actúan severamente bajo una apariencia natural, como escribía Vicente Verdú tras leer los libros de Adolf Loos y Lorenzo Caprile.



Los estilos vintage, grunge o hipster pueden funcionar bien, y de hecho sucede en muchísima gente que ha aprendido a sacarles partido, siempre y cuando en ellos encuentren la naturalidad. Los otros, que han encontrado en estos estilos contemporáneos una posibilidad de diferenciación a bajo costo y que resultan tan claros en sus formas visuales para pertenecer a la supuesta modernidad, no han hecho más que crear otra tribu urbana que con el paso de los años se ha convertido en la moda de nuestro tiempo y todo lo que conlleva. Y cuando algo es masivo, comprenderá Usted, que de estiloso no puede tener absolutamente nada, porque el secreto, como es lógico, estará siempre en la diferenciación. En eso la alta costura tampoco aporta, al ya no ser realmente alta costura. ¿Qué gran mujer querrá llevar el mismo vestido estampado que una actriz de Hollywood o cantante de pop?, ¿Querrá esa misma mujer encontrar sus zapatos en los pies de la esposa de algún yupi o nuevo rico o una prostituta de lujo? La respuesta es no. El estilo es pura y simple naturalidad, lleve un pesado collar de Chopard, un vestido de la última colección de Raf (Simons) para Dior, los zapatos del baúl de su abuela o los pendientes plásticos comprados en el mercadillo de fin de semana. En ese sentido, el mileurista tiene algo a su favor: encontrar todo aquello con lo que se sienta bien, cómodo, natural, caro o barato, porque podrá lograr un aura a su alrededor, que no lo dan ni los tatuajes, ni los aretes tribales, ni los collares de diamantes ni los vestidos de la rue Saint Honoré. Sea Usted mismo, y no pertenezca a nada, a ninguna tribu, a ninguna moda. Tenga Estilo.